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Sunday, May 23, 2010

La tóxica labor de reciclar un viejo móvil





En Occidente, los ordenadores cada vez envejecen antes. Renovamos móviles, televisores o frigoríficos antes de que acaben su vida útil. Miles de estos aparatos llegan cada mañana, hacinados en viejas carretas, a una zona conocida como Sodoma y Gomorra en Accra, la capital de Ghana. Allí, miles de trabajadores descuartizan a golpe de martillo desde motores de grandes máquinas a ordenadores o impresoras, en busca de pequeñas piezas de metal que puedan vender. Sobre los techos de las barracas contiguas al basurero planea un humo negro, una nube densa y caliente que el viento arrastra al interior del barrio. La dirección del humo apunta a los lugares donde se queman las venas y las tripas de ordenadores, televisores y otros aparatos electrónicos en busca de metales como cobre y aluminio. Entre el humo se distinguen las siluetas de los trabajadores, menores de edad en su gran mayoría, que dirigen la combustión. Los niños usan imanes para recoger las pequeñas partículas de metal sobre un suelo negro lleno de cenizas. Conseguir los restos de metal sueltos tras la quema es la labor más baja en el proceso de reciclaje.

Un trabajo que se hace sin medida de protección alguna, lo cual lleva a estos pequeños trabajadores a absorber diariamente más de 60 sustancias tóxicas para sus pulmones. Rashid no sabe nada de ordenadores y en su vida había visto uno antes de llegar al basurero. Pero lo que sí conoce bien es la quema de estos aparatos y ya se ha acostumbrado a inhalar el humo. “Para hacer el fuego utilizamos plásticos y esponjas sintéticas, y luego echamos los cables y las placas”. Rashid y los demás menores no conocen las repercusiones en su salud a largo plazo y trabajan a pelo. Nadie se ha acercado al basurero a explicarles los peligros de la labor que hacen. Él es uno de tantos jóvenes llegados a Accra, con el único sueño de conseguir una vida mejor, desde el norte de Ghana, una región sumida en conflictos tribales. Un día se subió a un autobús y viajó a la capital en busca del basurero. “Veníamos porque sabíamos que había trabajo. Al principio fue muy duro vivir aquí sin nada que hacer, hasta que encontré trabajo quemando carcasas de ordenadores”.

Su trabajo consiste en llevar los componentes de los ordenadores a las hogueras para obtener metales libres de su envoltura plástica y devolverlos al proveedor. Por este trabajo gana tres cedis al día, alrededor de 1,5 euros. Todavía se encuentra en el escalafón más bajo de un trabajo muy jerarquizado en el que la experiencia familiar puede asegurar un puesto en algunos de los peldaños superiores de la cadena. El objetivo de trabajadores como Rashid es subir otro escalón y pasar a desmontar ordenadores a martillazos separando las piezas. Con ello conseguiría librarse del humo y del calor de los fuegos. Con suerte podría llegar a trabajar en las básculas, uno de los puestos más altos. Allí es donde se pesan los metales y hay más posibilidades de negocio.

A miles de kilómetros de distancia, en la inmensa ciudad de Karachi (Pakistán), el río Lyari delimita uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. Bajo el control de las mafias locales, el barrio alberga algunos de los basureros donde se procesa la basura electrónica llegada de Europa, Dubai o Singapur. Los cientos de pequeños talleres que se encuentran allí crean una industria de pequeñas fábricas donde se reciclan las piezas de un sinfín de aparatos electrónicos. Éstas son metódicamente separadas por diferentes trabajadores de la basura. Se calcula que el 70% de la basura electrónica del mundo desarrollado va a parar a los basureros electrónicos de Asia.

La atmósfera de trabajo en los basureros de Ghana o Pakistán es muy parecida. La pobreza en la que está sumida una gran mayoría de la población en estos países obliga a muchas familias, incluidos los hijos en edades muy tempranas, a vivir cerca de los basureros para recoger metales y venderlos después. Mohamed Khan sólo tiene ocho años y junto a su hermano mayor Hafi Ula, de 14, quema y recoge la chatarra de ordenadores, TV, ventiladores, e incluso instrumentos musicales electrónicos que ya no sonarán más. Son refugiados afganos sin futuro en Pakistán, que encuentran en los basureros su única forma de supervivencia. “Sabemos que el humo es peligroso pero necesitamos trabajar en algo”, dicen. No pierden la esperanza de un futuro mejor: “Me gustaría llegar a ser mecánico”, sueña el pequeño Mohamed.

En Karachi también se trabaja desde primera hora de la mañana en el reciclaje de los aparatos electrónicos. Aquí, unas 20.000 personas trabajan en la industria que genera la basura electrónica. De ellas, casi la mitad son menores de 18 años. Mientras el grado de analfabetismo en Pakistán llega a alcanzar al 60% de los jóvenes, muchos ordenadores llegan al puerto de Karachi camuflados como ayuda al desarrollo del país. Sin embargo, esos ordenadores son comprados casi “al peso” por clientes locales que después venden la mercancía como mayoristas a pequeños talleres. Algunos trabajadores pasan hasta 16 horas diarias despiezando computadoras o grandes aparatos electrónicos. El sueldo medio ronda los tres dólares diarios. Además de los irreparables daños en las personas, los materiales que se acumulan en el suelo y en el río Lyari acaban por contaminar también el mar de Arabia. Los ricos acuíferos de la desembocadura han quedado completamente destruidos.

Mientras tanto, en el inmenso puerto de Karachi miles de contenedores desembarcan cargados de basura electrónica. Algunos estudios de Greenpeace aseguran que entre los materiales tóxicos contenidos en el e-waste, el término anglosajón que define la basura electrónica, se encuentran el plomo, el cadmio y el antimonio. A la insalubridad de estos trabajos se suman otras precariedades. Al caer la noche, Mohamed regresa a su casa, un cubículo de tres metros cuadrados que comparte con seis personas más, cerca del basurero. “Aquí la vida además de dura es peligrosa: la policía viene a veces y nos roba o amenaza con prohibirnos trabajar si no les damos dinero”.

En Ghana, cada ordenador se compra a uno o dos dólares según sale del puerto, independientemente de si funciona o no. Según Mike Anane, activista medio ambiental de Ghana, sólo el 10% del material electrónico recibido está en condiciones de funcionamiento y se cataloga como “no chatarra”. Cuando los ordenadores son desechados como chatarra, llegan al basurero de Sodoma y después se desmontan para buscar los componentes que pueden revenderse. “Un disco duro sano sale del desguace por un valor de unos cinco dólares”, informa uno de los trabajadores. Mike Anane explica que se han dado casos de discos duros que han llegado con información empresarial de la que fácilmente se puede rastrear su procedencia.

No es difícil encontrar un cíber café en Accra. Allí se utilizan ordenadores importados que los dueños de los cíber compran a los mayoristas. Comprar un viejo Pentium II no es caro y por unos 150 dólares se puede obtener uno revisado y hasta con un mes de garantía. Casi todas las tiendas son, en realidad, talleres donde jóvenes con conocimientos en informática verifican y reparan algunos de los aparatos que llegan por mar. Los contenedores procedentes de Hamburgo son los preferidos por los mayoristas, ya que la normativa alemana es más rigurosa con el material de segunda mano que se envía a terceros países. En cambio, en los contenedores ingleses hay mucha más basura electrónica.

Los trabajadores que reciclan basura electrónica en Ghana están de acuerdo en que este negocio es bueno para el país. Sin embargo, John Pwamang, funcionario del Ministerio del Medio Ambiente, no duda en llamar a la responsabilidad de los países donantes: “No tenemos los medios suficientes para reciclar y eliminar de manera segura las sustancias contaminantes que genera la basura electrónica, contaminando nuestro medio y a miles de personas. Está muy bien que envíen ordenadores de segunda mano, pero también necesitamos que funcionen”.

Para más información sobre este fotoreportaje: www.fotoeco.es.



El convenio de Basilea

Según datos de la ONU, en el mundo se generan unos 50 millones de toneladas de chatarra electrónica cada año. El negocio de la basura electrónica aumenta a la vez que lo hacen los residuos electrónicos que generamos en Occidente. Reciclar en Europa de manera profesional y responsable un ordenador de tubo puede llegar a costar 3,5 euros.

Enviar ese mismo ordenador a Ghana en un contenedor para su reciclaje cuesta 1,5 euros. El Convenio de Basilea de 1989 acuerda prohibir la exportación de chatarra electrónica a terceros países sin su permiso.

172 países han firmado el Convenio pero, de ellos, tres no lo han ratificado jamás: Haití, Afganistán y EE UU. Según la agencia de Medio Ambiente del Gobierno de EE UU, sólo en este país se desechan 40 millones de ordenadores cada año.

EL VENENO DENTRO DE LA CHATARRA

Científicos de Greenpeace viajaron a Ghana para recoger muestras de tierra, aire y agua de la zona donde se desguaza y quema el material electrónico. Las muestras fueron enviadas a Reino Unido para su análisis.

Los resultados indican altas concentraciones de plomo, cadmio y arsénico, así como de dioxinas y bifenilos policlorados. El plomo causa dolores de cabeza y espasmos estomacales, a la larga daña el sistema nervioso y los riñones, y afecta sobre todo al cerebro. También reduce la actividad cerebral y cognitiva en los menores. Bajo los parámetros occidentales, la alarma salta cuando se miden más de 0,5 microgramos de polvo de plomo en un metro cúbico de aire. Las muestras analizadas en Sodoma arrojaban 1,5 microgramos en zonas donde trabajaban los menores quemando las partes de los ordenadores.
PLOMO Procede de los monitores de tubo. Afecta al cerebro, sistema nervioso y sistema sanguíneo.
CADMIO Procedente de placas, contactos e interruptores. Afecta a los riñones y los huesos.
BIFENIL POLICLORATO Está presente en componentes plásticos y aislamientos. Afecta al crecimiento y al comportamiento. Es cancerígeno.
ANTIMONIO Procedente de las soldaduras y los semiconductores. Afecta a la piel y el sistema inmunológico.
DIOXINAS Y FURAN Se encuentran en los recubrimientos de PVC. Son cancerígenos.


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Saturday, May 22, 2010

Y al final aprendemos a mirar a nuestros hermanos como extraños...

Greenpeace: La paz verde, en estos momentos de miedo no podemos olvidar que la paz es una de las misiones de Greenpeace, que fue y ha sido parte importantísima desde su fundación, encontré este discurso de Robert F. Kennedy que lamentablemente luce muy actual, espero que les ayude a reflexionar en estos momentos tan enrarecidos por la violencia.

Hoy no es un día para política, aprovecharé mi único acto de hoy, para hablarles brevemente, de la insensata violencia en América, que de nuevo salpica a nuestro país y la vida de todos nosotros. No incumbe a una sola raza, las víctimas de la violencia son negras y blancas, ricas y pobres, jóvenes y viejas, famosas y desconocidas; son sobre todas las cosas, seres humanos a los que otros seres humanos querían y necesitaban. Nadie, viva donde viva, haga lo que haga, puede estar seguro quien va a sufrir, por un acto insensato de derramamiento de sangre. Sin embargo, sigue, sigue y sigue en este país nuestro. ¿Por qué? ¿Qué ha conseguido siempre la violencia?, ¿Qué ha creado siempre? Siempre que un americano pone fin a la vida de otro americano, innecesariamente, ya sea en nombre de la ley, o desafiando la ley, ya sea un hombre o de una banda que mata a sangre fría o con rabia, en una ataque de violencia, o respondiendo a la violencia, siempre que se rasgue el viento de una vida, que otro hombre ha tejido, torpe y penosamente, para el y sus hijos, siempre que hagamos eso, la nación entera será degradada. Y sin embargo parecemos tolerar un nivel creciente de violencia, que ignora nuestra común humanidad, y nuestras demandas a la civilización. Demasiadas veces celebramos la arrogancia y la chulería, y a los bravucones, demasiadas veces excusamos, a los que quieren construir su vida sobre los sueños destrozados de otros seres humanos. Pero hay una cosa clara, la violencia engendra violencia, la represión engendra venganza, y solo una limpieza de toda nuestra sociedad, puede arrancar este mal de nuestros corazones. Pues cuando enseñas a un hombre a odiar y temer a su hermano, cuando le enseñas que es un ser inferior, por su color, o sus creencias, o las normas que siguen, cuando le enseñas que los que son distintos a ti, amenazan su libertad, o tu trabajo, o tu hogar, o tu familia, entonces aprende también a enfrentarse a los otros, no como conciudadano, si no como enemigos, recibiéndolos no como cooperantes, si no como invasores que subyugan y someten. Y al final aprendemos a mirar a nuestros hermanos como extraños, extraños con los que compartimos una ciudad pero no una comunidad, hombres ligados a nosotros en una viviendo común, pero no en un esfuerzo común. Tan solo aprendemos a compartir un miedo común, solo un deseo común, de alejarse del otro, solo un impulso común, de superar el desacuerdo con la fuerza. Nuestra vida en este planeta es demasiado corta, el trabajo por hacer es demasiado grande para dejar que ese espíritu prospere por más tiempo en esta tierra nuestra. Desde luego, no podemos prohibirlo con militares, ni con una resolución, pero quizás podamos recordar, aunque se por un momento, que aquellos que viven con nosotros son nuestros hermanos, que comparten con nosotros el mismo corto momento de vida, que solo buscan, como nosotros, la oportunidad de vivir la vida con bienestar y felicidad, disfrutando lo que la satisfacción y el logro les proporciona. Seguramente este vínculo de sentido común, seguramente este vínculo de objetivos comunes, puede empezar a enseñarnos algo. Seguramente podremos aprender, por lo menos, a mirar alrededor a aquellos de nosotros que son nuestros semejantes, y seguramente podremos empezar a trabajar con algo más de entusiasmo y a curarnos mutuamente las heridas, y convertirnos otra vez, en hermanos y compatriotas de corazón.

On the Mindless Menace of Violence
City Club of Cleveland, Cleveland, Ohio
April 5, 1968

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Previsiones del tiempo... en la Corriente del Golfo

Las televisiones de Florida en sus programas meteorológicos ya no enseñan lo relativo a las nubes, sino las previsiones del movimiento de la marea negra. En este vídeo, el hombre del tiempo enseña la trayectoria del crudo en la Corriente del Golfo tal y como se prevé día tras día hasta el 28 de mayo (ver a partir de 00:42). Parece que no hay salida.



Mientras tanto, el crudo ya ha alcanzado Luisiana, donde hasta hace poco el gobernador exclamaba indignado "nuestras costas están inmaculadas" a quienes le pedían que aclarara la situación. Somos expertos en esconder la cabeza bajo el ala.

En Florida se recogen bolas de alquitrán en las playas, sin embargo los expertos niegan que provengan de Macondo y sostienen que se trata de alquitrán procedente de quién sabe dónde. ¿También ellos esconden la cabeza bajo el ala?

Luego trasciende la noticia de que EE.UU. y Cuba están trabajando hombro con hombro por primera vez desde hace décadas, pues poco falta para que la marea negra amenace también las costas cubanas. El estrecho de Florida es pequeño y el viento podría transportar el estrato oleoso hacia el norte de la isla. Estas observaciones, dicho sea de paso, despiertan sospechas -todo el mundo lo considera ya inevitable- sobre la llegada de la marea negra al Atlántico.

Y ahora un poco de cotilleo sin fundamento. Hay quien vocifera que los pozos de Deepwater Horizon fueron perforados sin permiso y que hubo otro accidente hace meses, que resolvieron enseguida pero no comunicaron. Además, las malas lenguas sostienen que la prioridad de la BP es salvar el yacimiento (que ha costado un montón de dinero) y que ese drenaje de crudo y agua con cuentagotas forma parte de dicho programa. Parece que el petróleo extraído hasta ahora con esa jeringa es sólo una mínima parte de lo que sale. Mientras tanto, se calma a la prensa contando todo tipo de éxitos.

Y a propósito de la prensa, hay más de uno que insinúa que la BP y la task force están ocultando descaradamente todo tipo de información:

-no divulgaron los resultados de tests acerca de la exposición de los ciudadanos a los humos del petróleo quemado en el Golfo;

-no están monitoreando la cantidad de la fuga, y a duras penas hacen públicas alguna grabación del pozo;

-ni publican ni permiten que se tomen muestras del aire;

-han llegado a hacer que los guardacostas expulsen a algunos activistas que tomaban muestras de alquitrán en las costas de Luisiana.

Al preguntarles al respecto, los expertos BP sostuvieron cándidamente: "¿Por qué deberíamos publicar la información? Todos quienes tienen legítimo interés pueden acceder a ella". Se referían al gobierno, la Halliburton, la Transocean y todas las subcontratas.

Los ciudadanos, evidentemente, no gozan de interés legítimo alguno.

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La civilización industrial está convirtiendo el entorno en basura

Quienes defienden el crecimiento económico argumentan a menudo que solo los países ricos se pueden permitir la defensa del medio ambiente. Cuanto mayor sea la economía, más dinero disponible habrá para detener la contaminación, invertir en nuevas formas de energía, conservar la naturaleza. Solo los ricos pueden vivir en sostenibilidad.

Cualquiera que haya visto el horror emergente en el Golfo de México en los últimos días tiene razones para dudar de eso. El país más rico de mundo decidió no imponer las reglas que podrían haber evitado el derrame de petróleo de la torre Deepwater Horizon, argumentando que esas reglas podrían haber impedido la búsqueda de una mayor riqueza(1). El crecimiento económico, y la demanda del petróleo que lo impulsa, llevó a las compañías a buscar en lugares difíciles y arriesgados.

Pero no necesitamos basarnos en este hecho para rechazar, como un absurdo que se justifica a sí mismo, la tesis de los cornucopianos. Un nuevo documento de las Proceedings of the National Academy of Sciences calcula las tasas de deforestación entre los años 2000 y 2005 en los países con áreas más extensas de masa forestal (2). La nación con la tasa más baja fue la República Democrática del congo (RDC). La nación con la tasa más alta, por una combinación de incendios y talados, fue Estados Unidos. La pérdida de masa forestal fue allí (el 6% en cinco años) casi el doble de rápida que en Indonesia, y diez veces más rápida que en RDC. ¿Por qué? Porque los países pobres tienen menos dinero para invertir en abrir paso a lugares remotos y derribar árboles.

Las naciones ricas no solo están saqueando sus propios recursos. Los desastres medioambientales causados por la industria petrolera en Ecuador y Nigeria no han sido producidos por la demanda ecuatoriana o nigeriana, sino por la sed de petróleo de las naciones más ricas. La deforestación de Indonesia es impulsada por la demanda de madera y aceite de palma del mundo rico; en Brasil, por nuestra hambre de madera y alimento para animales.

La calculadora de carbono de The Guardian revela que el Reino Unido ha subestimado mucho el impacto sobre el clima de nuestro consumo de materias (3). La razón es que las cifras oficiales no incluyen las emisiones subcontratadas: los gases de efecto invernadero producidos por otros países que fabrican mercancías para nosotros. Otro documento reciente de las Proceedings of the National Academy of Sciences muestra que el Reino Unido realiza una importación neta de 253 millones de toneladas de dióxido de carbono, integradas en las mercancías que compra (4). Si las tenemos en cuenta, descubrimos que lejos de haber reducido las emisiones desde 1990, como afirmó el último Gobierno, las hemos incrementado (5). El dinero destroza el medio ambiente.

Por eso merece la pena examinar el proyecto Dark Mountain, cuyas ideas se están extendiendo rápidamente por el movimiento medioambientalista. Afirma que “el capitalismo ha absorbido a los verdes”(6). En lugar de buscar la protección del mundo natural frente al impacto de los humanos, el proyecto afirma que ahora los medioambientalistas trabajan para “sostener la civilización humana en el nivel de comodidad que los pueblos del mundo rico –nosotros—consideran que es su derecho”.(7)

Los verdes de hoy, acusan, tratan de mantener la cultura que destruye el planeta, pidiendo solo que las tecnologías contaminantes antiguas sean sustituidas por las nuevas --granjas eólicas, matrices solares, máquinas de olas—que echen a perder todavía más los lugares naturales del mundo. Han perdido sus sentimientos por la naturaleza, reduciendo el problema a un reto de la ingeniería. Han olvidado que se supone son defensores de la biosfera: en su lugar, tratan de salvar la civilización industrial.

Paul Kingsnorth, cofundador de Dark Mountain, cree que esa tarea es fútil: “la civilización de la que formamos parte está golpeando los amortiguadores a toda velocidad y es demasiado tarde para detenerla”.(8) Ni tampoco podemos regatear con ella, pues “el sistema económico en el que nos basamos no puede ser domesticado sin que se hunda, ya que se basa en … el crecimiento para poder funcionar”. En lugar de tratar de reducir el impacto de nuestra civilización, deberíamos empezar a pensar en cómo vamos a vivir durante su caída y lo que podemos aprender de ella … nuestra tarea es negociar el inminente descenso lo mejor que podamos, mientras creamos nuevos mitos que pongan a la humanidad en su lugar apropiado”.(9)

Aunque un poco de esto se dirige contra mis escritos y contra las ideas que abandero, reconozco la verdad que hay en ello. Algo se ha perdido por el camino. Entre los gráficos y las tablas y las tecnocorreciones, en la búsqueda desesperada de soluciones verdes que funcionen política y económicamente, hemos tendido a olvidar el amor a la naturaleza que nos impulsó a todo esto.

Pero no puedo dar el salto que exige Dark Mountain. El primer problema de su visión es que la civilización industrial tiene una capacidad de recuperación mucho mayor que sus propósitos. En el ensayo de apertura del primer libro del movimiento, que se publicará esta semana, John Michael Greer plantea que la cima de los suministro petrolíferos convencionales se alcanzó en 2005, que la del gas será en 2030 y el carbón en 2040 (10).

Aunque estoy dispuesto a creer que los suministros petrolíferos podrían reducirse en los próximos años, su predicción sobre el carbón es una tontería. Las compañías de la energía en el Reino Unido, como muestra el informe más reciente de ENDS, estan empezando a implementar ahora una tecnología que incrementará mucho las reservas disponibles (11). Las cifras gubernamentales sugieren que la gasificación del carbón subterráneo –inyectar oxígeno en las vetas de carbón y extraer el hidrógeno y el metano que liberen—puede multiplicar por 70 las reservas de carbón subterráneo del Reino Unido (12,13); y esto abre más las posibilidades con respecto al que está bajo el lecho marino. Hay grandes reservas sin explotar de otros combustibles fósiles --bituminosos, esquistos de petróleo, clatratos de metano— a los que recurrirán las compañías de la energía si el precio lo permite.

Como todas las culturas, la civilización industrial se hundirá alguna vez. El agotamiento de los recursos y el cambio climático son causas posibles. Pero no creo que suceda pronto: no en este siglo y quizás tampoco en el siguiente. Si sigue basándose en el crecimiento económico, si no reduce su dependencia de los recursos primarios, nuestra civilización acabará con la biosfera antes de hundirse. Sentarse a esperar lo que la gente de Dark Mountain cree que será la caída inminente de la civilización, sin intentar cambiar el modo en que funciona, significa conspirar por la destrucción de todo lo que los verdes han considerado valioso.

Tampoco acepto su ataque indiscriminado contra las tecnologías industriales. Hay una enorme diferencia entre el impacto de las granjas eólicas y el de la minería de las arenas alquitranadas, o la extracción del petróleo: las turbinas eólicas pueden estropear las vistas pero, tal como ha demostrado el desastre más reciente, los efectos del petróleo penetran en todos los poros del planeta. Y a menos que los medioambientalistas traten también de mantener los logros de la civilización industrial –salud, educación y nutrición—los abandonaremos a quienes, correctamente, quieren conservarlos, pero no les importa el impacto que ello produzca.

Podemos aceptar esos beneficios mientras rechazamos el crecimiento perpetuo. Podemos aceptar la ingeniería, pero rechazar muchos de los usos que se hacen de ella. Podemos defender la asistencia sanitaria, atacando el consumo inútil. Este enfoque es aburrido, poco romántico, de éxito incierto, pero mucho menos horrible que las alternativas.

Pese a todo ello, merece la pena sostener el debate que este proyecto ha iniciado, razón por la que este mes asistiré al festival de Dark Mountain(14). No hay respuesta sencilla a la situación en la que estamos. Pero tampoco hay una manera sencilla de no dar respuesta.
www.monbiot.com

Traducido para Globalízate por Víctor García.

Noticia original:

http://www.monbiot.com/archives/2010/05/10/moneys-hunger/

Referencias:

1. Even now the US has failed to tighten up the regulations - http://www.guardian.co.uk/environment/2010/may/09/oil-spill-ecological-review-environment

2. Matthew C. Hansen, Stephen V. Stehman and Peter V. Potapov, 26th April 2010. Quantification of global gross forest cover loss. Proceedings of the National Academy of Sciences. doi: 10.1073/pnas.0912668107.
http://www.pnas.org/content/early/2010/04/07/0912668107.full.pdf+html?sid=5b769cf3-6222-4b4c-bcf0-365a786bca9b

3. http://www.guardian.co.uk/environment/interactive/2010/apr/21/national-carbon-calculator

4. Steven J. Davis and Ken Caldeira, 23rd March 2010. Consumption-based accounting of CO2 emissions. doi: 10.1073/pnas.0906974107.
You can read the abstract here: http://www.pnas.org/content/107/12/5687.abstract
But I had to pay $10 for the full paper.

5. http://www.guardian.co.uk/environment/blog/2010/may/05/labour-tories-carbon-calculator

6. The Dark Mountain Project, 2009. Uncivilisation: the Dark Mountain manifesto. Hard copy.

7. Paul Kingsnorth, 2010. Confessions of a recovering
Environmentalist. Dark Mountain, Volume 1. Proof copy. The Dark Mountain Project.

8. Paul Kingsnorth, 18th August 2009. Should We Seek to Save Industrial Civilisation?: debate with George Monbiot. http://www.monbiot.com/archives/2009/08/18/should-we-seek-to-save-industrial-civilisation/

9. ibid.

10. John Michael Greer, 2010. The falling years: an Inhumanist vision. Dark Mountain, Volume 1. Proof copy. The Dark Mountain Project.

11. Environmental Data Services, April 2010. Interest grows in ‘clean’ sub-sea coal gasification.
http://www.endsreport.com/index.cfm?action=report.article&articleID=22309

Unfortunately you need a subscription to read it.

12. Recoverable coal reserves, 2003: 243 million short tons.
US Energy Information Administration, May 2006. Country analysis brief -
United Kingdom. http://www.eia.doe.gov/emeu/cabs/United_Kingdom/Background.html

13. Coal recoverable by UCG, 2004:
“UK coal resources suitable for deep seam UCG on land are estimated at 17 billion tonnes (300 years’ supply at current consumption) and this excludes at least a similar tonnage where the coal is unverifiable for UCG.”
Department of Trade and Industry, October 2004. Review of the Feasibility of Underground Coal Gasification in the UK. http://webarchive.nationalarchives.gov.uk/tna/+/http://www.berr.gov.uk/files/file19143.pdf

14. http://www.eventelephant.com/uncivilisation


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Wednesday, May 19, 2010

BP y los “pequeños Eichmann”

Las culturas que no reconocen que la vida humana y el mundo natural tienen una dimensión sagrada, un valor intrínseco que va más allá del valor monetario, se canibalizan hasta morir. Explotan de manera implacable el mundo natural y a los miembros de su sociedad en nombre del progreso hasta el agotamiento o el colapso, ciegas a la furia de su propia autodestrucción. El vertido de petróleo en el Golfo de México, que se estima que puede ser de hasta 100.000 barriles diarios, forma parte de nuestra demencial marcha hacia la muerte. Es un golpe más suministrado por el Estado corporativo, el trueque de vida por oro. Pero en este caso el colapso, cuando tenga lugar, no será confinado a la geografía de una civilización decadente. Será global.

Los que realizan este genocidio global -hombres como el director ejecutivo de BP Tony Hayward, quien nos asegura que “el Golfo de México es un océano muy grande, la cantidad de petróleo y dispersante que estamos introduciendo es ínfima en relación con el volumen total de agua”– son, para usar una línea de Ward Churchill: “pequeños Eichmann”. Sirven a Tánatos, las fuerzas de la muerte, el instinto sombrío que Sigmund Freud identificó dentro de los seres humanos que nos lleva a aniquilar todas las cosas vivientes, incluidos nosotros mismos. Esos individuos deformes carecen de la capacidad de empatía. Son al mismo tiempo banales y peligrosos. Poseen la capacidad peculiar de organizar vastas burocracias destructivas y sin embargo mantenerse ciegos ante las ramificaciones. La muerte que expenden, sea en los contaminantes y carcinógenos que han convertido el cáncer en una epidemia, la zona de la muerte que se crea rápidamente en el Golfo de México, los campos de hielo polares que se derriten o las muertes durante el año pasado de 45.000 estadounidenses que no se pudieron permitir una atención sanitaria adecuada, forman parte del frío y racional intercambio de vida por dinero.

Las corporaciones, y los que las dirigen, consumen, contaminan, oprimen y matan. Los pequeños Eichmann que las dirigen residen en un universo paralelo de asombrosa riqueza, lujo y espléndido aislamiento que rivaliza con el de la corte de Versalles. La elite, protegida y enriquecida, sigue prosperando incluso mientras el resto de nosotros y el mundo natural comienzan a morir. Son insensibles. Extraerán la última gota de ganancias de nosotros hasta que no quede nada. Y nuestras escuelas de administración de empresas y universidades elitistas producen como salchichas decenas de miles de esos administradores de sistemas sordos, mudos y ciegos que han sido dotados de sofisticadas pericias de administración y de la incapacidad de tener sentido común y sentir compasión o remordimiento. Esos tecnócratas confunden el arte de la manipulación con el conocimiento.

“Mientras uno más lo escuchaba, más obvio se hacía que su incapacidad de hablar estaba estrechamente ligada a una incapacidad de pensar, es decir, de pensar desde el punto de vista del otro,” escribió Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén. “Ninguna comunicación era posible con él, no porque mentía sino porque estaba rodeado por la más fiable de todas las salvaguardas contra palabras y la presencia de otros, y por lo tanto contra la realidad como tal.”

Nuestra clase dirigente de tecnócratas, como señala John Ralston Saul, es efectivamente indocta. “Uno de los motivos por los que es incapaz de reconocer la relación necesaria entre el poder y la moralidad es que las tradiciones morales son el producto de la civilización y él tiene poco conocimiento de su propia civilización”, escribe Saul hablando del tecnócrata. Saul llama a esos tecnócratas “hedonistas del poder”, y advierte que su “obsesión con estructuras y su incapacidad o falta de disposición a asociarlas con el bien público convierten ese poder en una fuerza abstracta que funciona, las más de las veces, de maneras distintas de las necesidades reales de un mundo dolorosamente real”.

BP, que tuvo 6.100 millones de dólares en ganancias en el primer trimestre de este año, nunca obtuvo permisos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. La protección del ecosistema no importaba. Pero BP de ninguna manera está sola. La perforación con una extrema indiferencia hacia el ecosistema es una práctica común de las compañías petroleras, según un informe en The New York Times. Nuestro Estado corporativo ha aniquilado la regulación medioambiental con tanta tenacidad como la empleada en la aniquilación de la regulación financiera y del habeas corpus. Las corporaciones no distinguen entre nuestro empobrecimiento personal y el empobrecimiento del ecosistema que sustenta a la especie humana. Y el abuso, de nosotros y del mundo natural, es tan incontrolado bajo Barack Obama como lo fue bajo George W. Bush. La personalidad de marca que se encuentra en la Casa Blanca es un títere, una cara utilizada para enmascarar un sistema insidioso bajo el cual nosotros como ciudadanos hemos sido privados de poder y bajo el cual nos convertimos, junto con el mundo natural, en daño colateral. Como lo entendió Karl Marx, el capitalismo desinhibido es una fuerza revolucionaria. Y esa fuerza nos está consumiendo.

Karl Polanyi en su libro La gran transformación, escrito en 1944, planteó las devastadoras consecuencias –depresiones, guerras y totalitarismo– que surgen del llamado mercado libre autorregulado. Comprendió que “el fascismo, como el socialismo, estaba enraizado en una sociedad de mercado que se negaba a funcionar”. Advirtió que un sistema financiero siempre degenera, sin un fuerte control gubernamental, en un capitalismo mafioso –y en un sistema político mafioso– lo que es una buena descripción de nuestro gobierno corporativo. Polanyi advirtió de que cuando la naturaleza y los seres humanos son objetos cuyo valor es determinado por el mercado, los seres humanos y la naturaleza son destruidos. Los excesos especulativos y la creciente desigualdad, escribió, siempre dinamitan el fundamento para una prosperidad continua y aseguran “la demolición de la sociedad”.

“Al desechar el poder del trabajo de un hombre el sistema desecha, dicho sea de paso, la entidad física, psicológica y moral del ‘hombre’ asociada con esa etiqueta”, escribió Polanyi. “Despojados del revestimiento protector de instituciones culturales, los seres humanos perecerían por los efectos de la exposición social; morirían como víctimas de la desarticulación social aguda a través del vicio, la perversión, el crimen y el hambre. La naturaleza sería reducida a sus elementos, vecindarios y paisajes dañados, ríos contaminados, la seguridad militar puesta en peligro, el poder de producir alimentos y materias primas destruido. Finalmente, la administración de mercado del poder adquisitivo liquidaría periódicamente la iniciativa empresarial, ya que las escaseces y los excesos de dinero serían tan desastrosos para los negocios como las inundaciones y sequías en la sociedad primitiva. Sin lugar a dudas, los mercados laboral, de tierras, y dinero son esenciales para una economía de mercado. Pero ninguna sociedad podría resistir los efectos de un sistema semejante de burdas ficciones incluso durante el período más breve a menos que su sustancia humana y natural así como sus organizaciones empresariales estuvieran protegidas contra los estragos de esa fábrica satánica”.

El Estado corporativo es un tren de carga descontrolado. Desgarra los acuerdos de Kioto en Copenhague. Saquea el Tesoro de EE.UU. para que los especuladores puedan seguir jugando con miles de millones en subsidios del contribuyente en nuestro sistema pervertido de capitalismo de casino. Priva de derechos a nuestra clase trabajadora, diezma nuestro sector manufacturero y nos niega fondos para sustentar nuestra infraestructura, nuestras escuelas públicas y nuestros servicios sociales. Envenena el planeta. Perdemos, cada año en todo el globo, un área de tierra de cultivo mayor que Escocia por la erosión y la expansión urbana. Se calcula que hay 25.000 personas que mueren cada día en alguna parte del mundo debido al agua contaminada. Y unos 20 millones de niños son discapacitados mentalmente cada año por la desnutrición.

EE.UU. muere como mueren todos los proyectos imperiales. Joseph Tainter, en su libro Colapso de sociedades complejas, argumenta que los costes de dirigir y defender un imperio terminan por hacerse tan agobiantes, y la elite se convierte en tan calcificada, que se hace más eficiente desmantelar las superestructuras imperiales y volver a formas locales de organización. En ese momento los grandes monumentos al imperio, de los templos sumerios y mayas a los complejos de baños romanos, se abandonan, caen en desuso y se abandonan. Pero esta vez, advierte Tainter, porque no nos queda ningún sitio al cual migrar y expandir “la civilización mundial se desintegrará en su conjunto”. Esta vez el planeta se derrumbará con nosotros.

“Nosotros en los países afortunados de Occidente consideramos nuestra burbuja bicentenaria de libertad y opulencia como normal e inevitable; incluso ha sido llamada el ‘fin’ de la historia, tanto en un sentido temporal como teleológico,” escribe Ronald Wright en Una breve historia del progreso. “Sin embargo, este nuevo orden es una anomalía: lo contrario de lo que sucede usualmente cuando las civilizaciones crecen. Nuestra época fue financiada por la toma de la mitad del planeta, ampliada por la adquisición de la mayor parte de la mitad restante, y ha sido sustentada por el gasto de nuevas formas de capital natural, especialmente combustibles fósiles. En el Nuevo Mundo, Occidente dio en la mayor bonanza de todos los tiempos. Y no habrá otra parecida –no a menos que encontremos a los marcianos civilizados de H.G. Wells, con la vulnerabilidad a nuestros gérmenes que fue su perdición en su Guerra de los mundos.”

La contaminación moral y física está equiparada a una contaminación cultural. Nuestro discurso político y civil se ha convertido en un galimatías. Está dominado por espectáculos complicados, rumores sobre celebridades, las mentiras de la publicidad y los escándalos. Lo chabacano y lo salaz ocupan nuestro tiempo y energía. No vemos los muros que se derrumban a nuestro alrededor. Invertimos nuestra energía intelectual y nuestras emociones en lo vacuo y absurdo, los entretenimientos vacíos que preocupan a una cultura degenerada, de modo que cuando llegue el colapso final podamos ser arreados, ciegos y temerosos, hacia el infierno.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fuente

Tuesday, May 18, 2010

La Facultad de Economía de la UNAM, ERA y Greenpeace, los invita al "Foro sobre la deforestación en México"

La Facultad de Economía de la UNAM, ERA y Greenpeace, los invita al "Foro sobre la deforestación en México"


Foro sobre la deforestación en México, sus causas y acciones para detenerla

26 de Mayo de 2010
Sala de juntas de la Dirección
Facultad de Economía de la UNAM

El calentamiento global ha sido identificado como uno de los peligros ambientales más importantes que enfrenta la sociedad moderna. La emisión excesiva de los llamados “gases de efecto de invernadero” (GEI) está haciendo que el clima cambie y la temperatura global alcance niveles peligrosos. La mayor parte de las emisiones de gases de efecto de invernadero provienen de la actividad industrial, del transporte, de la generación de energía y de la deforestación.

Para enfrentar este problema, las agencias de gobierno, las universidades y centros de investigación, así como las organizaciones de la sociedad civil, están buscando medidas que sirvan de manera efectiva para reducir las emisiones de los GEI. Dichas medidas deben permitir que se reduzca el consumo de gasolinas y derivados del petróleo en la industria, en el transporte y en la generación de energía. También deben permitir que se reduzcan las emisiones que genera la eliminación de la cubierta arbolada.

Para identificar las mejores medidas para detener la deforestación y de esta manera contribuir a detener el calentamiento global, la Facultad de Economía de la UNAM, Greenpeace México y Estudios Rurales y Asesoría, invitan al Foro sobre la Deforestación en México, sus causas y acciones para detenerla, a realizarse el próximo 26 de Mayo en la Facultad de Economía de la UNAM. Se anexa el programa.

El evento se realizará en la Sala de Juntas de la Dirección General de la Facultad de Economía (Edificio A) estará abierto a la comunidad universitaria y a los ciudadanos interesados en el tema.

La deforestación en México, sus causas y acciones para detenerla

26 de Mayo de 2010, Sala de juntas de la Dirección, Facultad de Economía de la UNAM

Agenda de Trabajo

09:30 Registro de asistentes

10:00 Presentación: El inventario nacional forestal y el proceso de deforestación en México. Octavio Magaña, Gerencia de Inventario Forestal y Geomática, CONAFOR

10:45 Presentación: Aspectos metodológicos y tendencias del proceso de deforestación en México. Irma Trejo, Instituto de Geografía, UNAM

11:30 Receso

12:00 Presentación: El proceso de deforestación en México. Francisco Chapela, Director Ejecutivo, ERA

12:30 Presentación: Impacto de los programas federales relacionados con el sector forestal mexicano Eduardo Vega, Secretario General, Facultad de Economía, UNAM

13:30 Receso

15:00 Mesas de trabajo: el proceso de deforestación en México y medidas propuestas para detenerla Francisco Chapela, Director Ejecutivo, ERA

16:00 Presentación de conclusiones de las mesas

16:30 Finalización del taller: conclusiones generales y pasos a seguir

Riqueza del golfo, en riesgo de muerte

El olor a petróleo y la tristeza empapan el ambiente de Venice, Louisiana. “Huele a químicos. El aire se respira pesado. Es muy deprimente lo que estamos viendo”. Con estas frases, la bióloga marina Regan Nelson describe la atmósfera que reina en esta comunidad que mira al golfo de México, una de las primeras afectadas por el derrame de hidrocarburos que desde hace casi un mes tiene a Estados Unidos sumido en lo que se encamina a ser uno de los más grandes desastres ecológicos del planeta.

Regan Nelson forma parte del equipo de expertos que la organización estadounidense Natural Resources Defense Council (NRDC) envió a la zona afectada por el derrame que comenzó el pasado 20 de abril con una explosión en la plataforma Deepwater Horizon, perteneciente a la empresa Transocean y concesionada a la British Petroleum para extraer petróleo en aguas profundas del golfo de México.

Desde hace 27 días, el pozo —localizado a una profundidad de mil 500 metros y a 67 kilómetros de la costa de Louisiana— derrama más de 5 mil barriles diarios de petróleo, de acuerdo con cálculos de la Guardia Costera de EU. Científicos y ecologistas advierten que la cantidad podría ser hasta 10 veces mayor.

La emergencia que se vive en Louisiana ha traído a la mente de muchos el derrame que en 1979 presentó el Ixtoc-1, localizado frente a Campeche. Por el flujo de las corrientes marinas, gran parte del petróleo vertido fue a dar hasta las costas de Texas. Ese pozo vertió al mar cerca de 20 mil barriles de petróleo al día, durante poco más de nueve meses. Esta cifra lo colocó como el peor desastre en la historia del golfo de México, un deshonroso título que podría perder si en los próximos días no se controla el pozo de British Petroleum.

Primero “Katrina”, ahora el petróleo

La doctora Gina Solomon es otra de las expertas de la NRDC que viajó a Venice, Louisiana, para realizar un monitoreo de la calidad del aire y el agua. También atiende a las personas que trabajan para que la mancha negra no llegue hasta la costa. Esta comunidad basa su economía, principalmente, en la explotación petrolera, la pesca y el turismo. En los últimos años ha tenido que lidiar con desastres de gran magnitud. En 2005, sufrió los efectos del huracán Katrina.

La gente de la comunidad —cuenta Solomon— se siente a la deriva. “Ellos dicen que cuando llega un huracán saben qué pasa, saben que la pesca revivirá. Pero con esto, quién sabe cuándo saldrán a pescar; si avanza el petróleo, quizá nunca se recupere la pesca”.

John Day, de la Universidad Estatal de Louisiana y uno de los expertos en el ecosistema costero de Estados Unidos, comenta que si el hidrocarburo llega al delta del río Mississippi de inmediato “mataría a los humedales que no tienen una profundidad mayor de dos metros; sería muy difícil limpiarlos”.

En la costa de Louisiana están los humedales “más extensos e importantes de Estados Unidos, ya que su vegetación contribuye a la productividad natural de las pesquerías costeras como pargos, huachinangos, róbalos, ostiones, camarones, jaibas, entre otros”, dice Alejandro Yáñez-Arancibia, investigador y profesor de Posgrado del Instituto de Ecología de Xalapa y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias.

Gracias a estos humedales, el estado de Louisiana tiene 80% de todas las pesquerías costeras de Estados Unidos en el golfo de México.

Por ahora, explica el investigador mexicano, la descarga de agua dulce que llega del río Mississippi (20 mil metros cúbicos por segundo) funciona como barrera y evita que el petróleo llegue directamente a los humedales y playas de Louisiana. Sin embargo, las corrientes del golfo de México están dispersando la mancha de petróleo en dos ramas, una hacia la costa norte de Texas y otra hacia Alabama y Florida.

El jueves 6 de mayo, la bióloga marina Regan Nelson, de la NRCD, recorrió en lancha parte del área afectada por el derrame. Un grupo de delfines nadaba en medio de las aguas contaminadas por el hidrocarburo y por los químicos dispersantes que se están utilizando para “aminorar” el impacto. “Nosotros, que estábamos en la lancha, comenzamos a sentirnos enfermos. En la zona es muy fuerte el olor a químicos, es sofocante. Ahora, imagina cómo afectará a los animales marinos y al ecosistema”.

Dispersantes, otro contaminante

La empresa British Petroleum utiliza dispersantes para contener la mancha del petróleo. Hasta el momento ha vertido alrededor de un millón de litros de estos químicos. Adriana Quintero, directora de La Onda Verde (rama latina de la NRDC), explica que los dispersantes tienen compuestos volátiles, por lo que pueden afectar a las personas que trabajan en las labores de limpieza de la zona. Además, tienen efectos tóxicos en las plantas y animales que viven en las capas más profundas del mar, como los pastos marinos y arrecifes de coral. “No existen estudios sobre cuál es su impacto cuando se aplican en esta cantidad”.

Los dispersantes no hacen que el petróleo desaparezca, sólo provocan que se rompan las partículas del crudo, se formen pequeños grumos y sean más fáciles de digerir por microorganismos.

El científico español Manuel Ferrer descifró el genoma de una bacteria que se caracteriza por “comer” petróleo. Se le pregunta si estos microorganismos serían útiles para esta emergencia. “En las profundidades donde emerge el derrame, no. Pero en la superficie marina sí. Sabemos que cuando hay derrames algunas bacterias se multiplican… Aunque muchos de los compuestos presentes en el petróleo son muy difíciles de degradar por las bacterias”.

El investigador español explica que la ciencia aún está trabajando para crear tecnología que permita “diseñar nuevos microorganismos que crezcan más rápido y sean capaces de asimilar más rápido los hidrocarburos”.

Hábitat, amenazado

Un reciente estudio, publicado en el libro Gulf of Mexico Origin, Waters and Biota Volumen 2, asegura que el golfo de México tiene un valor productivo de 124 mil millones de dólares anuales, tanto para Estados Unidos como para México, por actividades como la extracción de petróleo, turismo y pesca. Esta riqueza peligra, asegura Alejandro Yáñez-Arancibia, uno de los autores de la investigación.

“La productividad de las costas, las pesquerías, el turismo y la integridad ecológica del paisaje dependen de la calidad y cantidad de los valiosos hábitat críticos que hoy están severamente amenazados por la contaminación que ambos países inducen hacia el mar, a través de los ríos o por derrames petroleros como lo fue el Ixtoc-1 y ahora el de British Petroleum”, asegura el estudio.

Cualquier derrame de petróleo en el golfo de México, comenta Yáñez-Arancibia, afecta directamente los bosques de manglar y de cipreses de los humedales costeros, las desembocaduras de los ríos y los arrecifes de coral. “Todos estos ecosistemas de aguas poco profundas están interconectados, funcionan integradamente y son muy vulnerables al impacto ambiental del petróleo”.

Evidencia incapacidad del gobierno

Organizaciones ecologistas coinciden en que esta emergencia ecológica ha puesto a flote la incapacidad del gobierno de Estados Unidos y de las principales empresas petroleras para realizar extracción de hidrocarburos en aguas profundas del golfo de México.

“Durante años hemos advertido que esto podía ocurrir. Decíamos que no era seguro realizar extracción petrolera en aguas profundas, pero parece que la única forma de que la gente y los políticos entiendan es mirando cómo este monstruo está dañando nuestras costas”, dice Javier Sierra, de Sierra Club, organización que en su página de internet ya tiene inscritos a cerca de 2 mil 500 personas dispuestas a participar como voluntarios en las labores de limpieza y recuperación del golfo de México.

Sierra Club, NRDC y Greenpeace son algunas de las organizaciones que ya impulsan campañas para solicitar al presidente de Estados Unidos y al congreso de EU que establezca una moratoria a las perforaciones petroleras en el golfo de México. Además de que se apruebe una reforma energética para impulsar el uso de energía limpia.

Los estadounidenses —asegura Adriana Quintero de la NRDC— están empezando a entender algo que los ecologistas ya sabíamos. Están viendo las grandes conexiones que existen entre las petroleras y el gobierno. Están viendo que estas empresas están comprando permisos para contaminar sin límites.

Esa contaminación tiene ahora en vilo a los pescadores y habitantes de Venice, en el estado de Louisiana. El futuro de esta comunidad, de otras poblaciones costeras, de los humedales, manglares de la región y de cientos de especies depende ahora del tiempo que tarde la empresa British Petroleum en contener la fuga de petróleo que está pintando de negro el golfo de México.

FUENTE

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