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Tuesday, June 8, 2010

Vida artificial con fines de lucro

El pasado 20 de mayo, el controvertido científico Craig Venter anunció que el Instituto Venter y su empresa Synthetic Genomics Inc habían construido en laboratorio el primer genoma completo totalmente artificial, con capacidad de autorreplicación. Insertaron este genoma artificial en una bacteria a la que habían previamente despojado de su material genético y lograron que el genoma sintético intruso comandara la bacteria, replicándose.

Son muchos los temas y problemas que plantea construir y liberar vida artificial, desde éticos a bélicos —por su alto potencial como armas biológicas— así como por los graves impactos ambientales y económicos que tendría.

Sin embargo, con la arrogancia que lo caracteriza, Venter anunció el hecho como si fuera un estreno de Hollywood, encomiando sus logros y desestimando los riesgos de esta nueva forma de manipulación de la vida. Según él, la construcción de vida artificial será la solución para problemas energéticos, climáticos, ambientales, alimentarios y de salud. Todo en función del lucro que pueda conseguir con ello, por lo que ha patentado todo el proceso y para que nadie pueda usar o copiar su invento, introdujo en el genoma artificial secuencias genéticas que identifican su propiedad.

Un macabro ejemplo que muestra el tipo de solución al que se refiere Venter, es la colaboración de Synthetic Genomics, la empresa de la cual es cofundador (con capitales y participación de los mexicanos Alfonso Romo y Juan Enríquez), con empresas que están entre las más sucias del planeta: las petroleras Exxon y BP. Buscan desarrollar combustibles a partir de su producción con microbios construidos artificialmente y basados en algas transgénicas y microalgas con genoma artificial. Implicaría la liberación masiva de vida artificial en miles de kilómetros del mar, con impactos potenciales mucho más allá de lo que nadie pueda predecir, ya que nunca ha habido vida artificial en interacción con el medio ambiente y otros organismos vivos.

Con el reciente megaderrame de petróleo en el Golfo de México, BP ha demostrado fehacientemente al mundo que en función de ahorrarse dinero en medidas de seguridad, no duda en poner en riesgo enormes áreas naturales y ecosistemas, la vida de millones de seres vivos y las formas de vida y sustento de cientos de miles de personas. Imagine usted lo que puede surgir de la colaboración entre los entusiastas de la manipulación y privatización de la vida y de la ciencia con las empresas más contaminantes e irresponsables del planeta.

Aunque otros científicos cuestionan, con razón, que ésta sea creación de vida artificial, ya que en realidad Venter introdujo un genoma en una bacteria preexistente, ello no disminuye los riesgos que significa este engendro. El objetivo de Venter es crear un genoma mínimo que se pueda construir artificialmente para usarlo como una plataforma, un chasis al que agregarle diferentes genes según la función que se busque. Por eso afirma que se podría usar en tantos campos: dependería de los genes que se les agregue.

Para buscar esos genes, Venter se ha dedicado a biopiratear sitios megadiversos del mundo (incluyendo México, Ecuador, El Salvador y otros de América Latina y el mundo). Cuenta ahora con una enorme colección de genes con características extremas para sus fines comerciales. Mientras los colectaba aseguró que eran para investigación sin fines de lucro. Poco después declaró que si lograba construir un microbio artificial para producir combustibles, valdría billones de dólares y sin duda patentaría todo el proceso.

Lo que Venter y otros que trabajan en biología sintética no nombran, es que si funcionan, necesitarán alguna fuente de carbohidratos para alimentar esos microbios artificiales y producir lo que avizoran. Eso significará un ataque masivo con nuevas fronteras de explotación y comercialización de la biomasa del planeta, de los cultivos y bosques existentes y/o nuevos acaparamientos de tierra para sembrar interminables monocultivos para procesar con microbios artificiales. Esto acarreará más impactos ambientales y sociales, con desplazamientos de campesinos, indígenas y otros habitantes en esas tierras. En lugar de buscar el petróleo bajo tierra, que es biomasa procesada en millones de años, ahora quieren convertir en hidrocarburos y polímeros la biomasa sobre la tierra (y el mar), existente o por sembrar.

Cada vez hay más evidencias científicas de que el funcionamiento de los genes y su relación dentro de los organismos y con el medio son mucho más complejas de lo que se creía. La construcción de vida artificial en laboratorio puede funcionar, pero no hay duda de que violenta los largos procesos coevolutivos naturales de los organismos y el ambiente, con impactos impredecibles sobre ellos.

Por éstas y otras razones, el cuerpo científico técnico del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas acordó en Nairobi, al día siguiente del anuncio de Venter, enviar una recomendación de moratoria a la liberación de organismos vivos artificiales a la próxima sesión del Convenio. Es apenas un comienzo, que marca la urgencia de un amplio debate social para impedir que empresas y científicos ávidos de lucro sigan actuando en la impunidad.


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Thursday, June 3, 2010

British Petroleum: negligencia criminal

El derrame de petróleo en el golfo de México pasará a la historia como uno de los peores desastres ambientales a escala mundial. Por más que la empresa British Petroleum (BP) anuncia nuevas maniobras para controlar la situación, la inyección de crudo en las aguas del Golfo seguirá hasta agosto. El petróleo llegará a costas cubanas y saldrá al Atlántico al incorporarse a la corriente del Golfo.

Se habla de un accidente en la plataforma Deepwater Horizon, pero sería más adecuado hablar de negligencia criminal. El desastre se debe a la arrogancia corporativa y la ambición de los operadores de BP. Claro, también están involucrados la empresa Transocean, dueña y operadora de la plataforma (por cuenta de BP) y Halliburton, responsable de la cimentación del pozo. ¿Qué fue lo que pasó el 20 de abril?

A las 12:35 de la madrugada los técnicos de Halliburton completan la operación de cimentación del pozo. En las horas siguientes se realizan pruebas de presión para asegurar que el pozo está bien cimentado. A las 11 horas se lleva a cabo un acalorado debate entre ejecutivos de BP y de Transocean sobre cambios en los planes relacionados con la fase siguiente en la cimentación.

Esa tarde, a las 17:05 horas se observa una pérdida de fluido en el tubo que conecta el cabezal del pozo con la plataforma. Este hecho revela que hay pérdida de presión en el cabezal que se supone debe controlar el pozo y estabilizarlo en caso de cambios repentinos en el flujo de crudo o de gas. El cabezal se supone está diseñado para cerrar el pozo en caso de una emergencia.

Entre las 17 y las 19 horas se realizan más pruebas para corroborar que la presión corresponde a las especificaciones de la cimentación. Los instrumentos indican una pérdida total de presión en la tubería de emergencia que va del pozo a la plataforma. Esta tubería sirve para cortar el flujo de crudo. En contraste, la tubería principal utilizada en la perforación acusa un aumento de presión hasta las mil 400 libras por pulgada cuadrada, lo que es señal inequívoca de un incremento extraordinario de gas natural.

A las 20 horas los técnicos de BP dan por concluidas las pruebas y comienza la operación de extracción de lodos de perforación para remplazarlos con agua de mar. Estos lodos son en realidad una combinación de barro y minerales utilizados para sellar. En tanto no se coloque el tapón de cemento para cerrar provisionalmente el pozo, la presencia de estos lodos es la única forma de restringir la expansión de gases y fluidos que están a grandes presiones en el subsuelo.

Hacia las 21 horas hay más fluidos saliendo del cabezal de los que están siendo bombeados hacia dentro y a las 21:10 la presión en la tubería principal de perforación aumenta espectacularmente. A las 21:50 surge una primera burbuja gigante de gas natural y las válvulas del cabezal son incapaces de controlarla. La primera explosión sobreviene unos segundos después. La plataforma Deepwater Horizon, titular de la marca mundial de perforación en aguas ultraprofundas, estaba condenada. A las 21:52 se da la orden de abandonarla. De sus 126 tripulantes hay 11 desaparecidos.

Hay varios problemas con el cabezal. Su diseño no siguió las especificaciones originales. Las baterías que debían hacer funcionar varios de sus aditamentos estaban defectuosas. Finalmente, uno de sus piezas medulares fue destruida semanas antes de la explosión. Es una abrazadera gigante que fue sometida a presiones superiores a las de su nivel de tolerancia. Pedazos de la abrazadera aparecieron en la cubierta de la plataforma, indicando un grave daño en el equipo. Los técnicos de BP no dieron importancia a esta señal de alarma. En adelante las lecturas de presiones en el cabezal del pozo a mil quinientos metros de profundidad serían inexactas.

La falta más grave de BP fue ordenar a los operadores de Transocean retirar los lodos pesados de perforación. Ésos son la línea clave de protección en caso de una surgiente de gas y deben ser retirados sólo después de colocarse el tapón de cemento. Pero BP estaba más interesada en acelerar el ritmo de las operaciones y decidió invertir la secuencia de operaciones.

La ley federal que limita la responsabilidad para reparación de daños de 75 millones de dólares ya no se aplica en caso de negligencia. BP va a tener dificultades en demostrar su inocencia.

El jefe de electrónica en la plataforma Deepwater Horizon, Mike Williams, hizo una declaración extraordinaria: Se nos dijo que esta era la tecnología más sofisticada y que nada de lo que ocurrió debía suceder. Es lo mismo que dijeron los ingenieros nucleares después de Isla de Tres Millas y Chernobyl. Eso dirán los técnicos de las empresas transnacionales que producen y comercializan cultivos de organismos genéticamente modificados. Les acompañará el coro de burócratas cómplices que solaparon sus actos en el campo mexicano. Pero al igual que en el Golfo de México, las cicatrices ambientales durarán generaciones.


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Wednesday, May 26, 2010

El pico del agua



Lester Brown, uno de los ambientalistas más importantes del mundo, fundador del Worldwatch Institute y del Earth Policy Institute, plantea algunos conceptos muy interesantes. La extracción del petróleo no debe realizarse en las plataformas submarinas sin una seguridad absoluta, comprendidas en ella todas las salvaguardias hoy existentes.

El Golfo de México podría ser sólo el comienzo de una marea negra. El pico del petróleo –aquel momento en que el petróleo comenzará a escasear– vendrá acompañado del “pico del agua”. Los dos fenómenos modificarán la economía y nuestra idea de civilización. Esto no ha sucedido en los últimos decenios, pero sucederá. Lester Brown, que participó en la creación del documental “Terra reloaded”, producido por Greenpeace, escribió en su último libro “Piano B 4.0 – Mobilitarsi per salvare la civiltà" (Edizioni Ambiente) (Plan B 4.0, Movilizarse para salvar la civilización) algunas instrucciones para el futuro. Un plan para la supervivencia, pero también para un futuro mejor para las generaciones venideras.

Entrevista

El Chernobyl de la industria petrolera

Hace pocas semanas una plataforma petrolera de la BP (British Petroleum) sufrió una explosión y el petróleo está derramándose en el Golfo de México. Al mismo tiempo, en Europa, los Estados están fracasando. ¿Qué está sucediendo en el mundo?

No sabemos qué es lo que ha ido mal. Pero sabemos que BP estaba perforando en una zona donde el agua tenía una profundidad mayor de 1.000 metros y que el yacimiento se encontraba bajo 500 metros adicionales de piedra. El petróleo se encontraba, por lo tanto, bajo una enorme presión. Hay dos hipótesis. Algo se hizo mal o la presión en este yacimiento era demasiado elevada y la tecnología actual no está en condiciones de controlarla. Si es válida la segunda hipótesis es imperativo levantar una bandera roja en las perforaciones en alta mar y a profundidades notables, porque no se sabe con qué condiciones se encontrarán. Es posible que a pesar de que la tecnología de perforación en alta mar haya sido eficaz en el pasado, podría no ser adecuada para enfrentar los nuevos problemas que están surgiendo en condiciones extremas. Alguien ha dicho que este acontecimiento podría ser el Chernobyl de la industria petrolera, al menos para las perforaciones en alta mar.

Porque si este derrame de petróleo siguiera durante meses, el daño medioambiental y económico que originará será enorme. Lo interesante para la contabilidad nacional es que este acontecimiento hará aumentar el PIB en las regiones del Golfo de México, ya que todos buscarán controlar el problema. Pero luego seguramente disminuirá al perjudicar las economías locales, las playas, la fauna marina, la pesca y las industrias locales.

Probablemente hemos llegado al límite tecnológico para extraer cómodamente el petróleo de los yacimientos residuales. Estos derrames están influyendo en la opinión pública. Visto que sabemos que tenemos que abandonar el petróleo, ¿por qué corremos estos riesgos sólo para extraer el poco que queda? Creo que esto cambiará el modo en que pensamos en el futuro del petróleo y de todos los combustibles fósiles.

Es interesante observar que los valores que rigen el sobreconsumo de los recursos naturales son los mismos valores que dirigen el sobreconsumo de los recursos financieros, el excesivo consumo que supera la capacidad de los sistemas crediticios. Lo hemos visto en los Estados Unidos con la enorme deuda del sistema crediticio. Ahora se ha reducido un poco, pero los estadounidenses siguen sin preocuparse por el futuro. Esto lleva a problemas económicos y a problemas medioambientales, por el sobreconsumo de los recursos naturales y la interrelación entre los dos.

El mayor problema que el mundo enfrenta hoy es el crecimiento de la economía en los últimos cincuenta años –ha crecido cerca de cuatro veces– y el consiguiente aumento del consumo de los recursos naturales, mucho más allá del nivel sostenible. La agricultura está disminuyendo, la pesca está decayendo, los acuíferos están disminuyendo, los suelos se están erosionando y las sabanas se están desertificando. Estamos destruyendo lentamente, y quizá no tan lentamente, los sistemas naturales de sustentabilidad. Ninguna civilización puede sobrevivir más allá de la destrucción de sus propios sistemas naturales de sustentabilidad.

Me he preguntado de qué modo este sobreconsumo nos perjudicará. Mi pronóstico es que se traducirá en una crisis de disponibilidad alimentaria, en un aumento de precios, en un aumento de la inestabilidad política y en un número creciente de Estados que fracasarán. El número total de los Estados en vías de fracaso -Estados cuyos gobiernos no son capaces de garantizar la seguridad personal o alimentaria- está aumentando. Esto provoca una pregunta incómoda: ¿Cuántos Estados encaminados al fracaso se necesitan para hacer fracasar la civilización? Todavía no conocemos la respuesta a esta pregunta. Nunca hemos visto nada parecido.

La ignorancia de los economistas

La cuestión es: ¿Qué podemos hacer y cuánto nos costará? ¡Porque si no lo hacemos estamos acabados! La civilización no sobrevivirá si continúa con la habitual manera de administrar el mundo. Tenemos que hacer grandes cambios: disminuir las emisiones de CO2, estabilizar el crecimiento de la población, erradicar la pobreza -que está estrechamente relacionada con la estabilización del crecimiento demográfico- y restablecer la agricultura, la pesca, las reservas de agua, que son nuestro sistema natural de sustentabilidad. El problema es que se trata de un complejo sistema de cuestiones y los jefes de Estado habitualmente están aconsejados por economistas. Hay un montón de cosas que los economistas hacen bien, pero hay cosas que no saben hacer nada bien. Los economistas no se plantean el nivel de rendimiento sustentable de los sistemas naturales.

La economía simplemente no puede entender esto. No hay nada en la teoría económica que explique por qué la industria pesquera del bacalao en Canadá se fue a pique, o por qué se están derritiendo los glaciares en las altas planicies del Tíbet y China. La economía no explica por qué el casquete polar de Groenlandia se está derritiendo y el nivel del mar está subiendo. Los economistas están como excluidos del mundo real. Están alejados de la realidad, insertados en el cuerpo de la teoría económica. Intentan encontrar la mejor forma de hacer pequeños ajustes para adaptar el sistema y explicar lo que ocurre, pero la teoría económica fracasa cuando intenta explicar las relaciones fundamentales entre la economía global y los sistemas naturales de sustentabilidad. He observado que los economistas que aconsejan a Obama, al Secretario General de la ONU, al Banco Mundial o al presidente de la UE no entienden qué está ocurriendo en el mundo y no entienden la urgencia de reestructurar la economía energética mundial, por ejemplo.

La economía no explica el cambio climático. Por ejemplo, el derretimiento de los hielos en el extremo norte del Atlántico podría provocar la inundación de los cultivos de arroz en el delta de los ríos asiáticos, reduciendo drásticamente las cosechas. A menos que se estudien estas cosas, no es obvio intuir que el derretimiento de los hielos en Groenlandia está amenazando las cosechas de arroz en Asia, donde vive la mitad de la población mundial. Este tipo de complejidades son las que debemos administrar. Los economistas no tienen los instrumentos apropiados para definir las políticas adecuadas.

La mitad de la población mundial vive en países donde el nivel de los acuíferos se está reduciendo. Entre ellos los tres grandes productores de trigo: China, India y Estados Unidos. Hay también muchos países más pequeños: Arabia Saudí, Yemen, Siria, Pakistán, México y otros. Extrayendo agua de las reservas acuíferas más allá del nivel de reposición natural, estamos fomentando una burbuja en la producción de alimentos. Estamos aumentando artificialmente la producción de alimentos y agotando las existencias de agua.

El pico del agua

Cuando hayamos agotado las existencias de agua, el nivel de extracción deberá reducirse necesariamente al nivel de reposición natural. No se trata de hipótesis o temas de debate. Es la realidad. Por lo tanto tenemos burbujas alimentarias de dimensión significativa que antes o después estallarán, y no creo que el mundo esté preparado para esto. A mí me parece que las zonas irrigadas en Estados Unidos han alcanzado un pico y ahora están disminuyendo. Esto se aplica sin duda también a la India. Y podría valer también para China, aunque no estamos seguros, y para una cantidad de pequeños Estados: Arabia Saudí, Siria, México. Esto significa que probablemente hemos alcanzado el pico de extracción del agua al mismo tiempo que alcanzamos el pico de extracción de petróleo. Mucha gente habla del pico del petróleo pero pocos hablan del pico del agua.

Pero creo que ya nos encontramos en él ahora y pienso que tengo argumentos convincentes. El mundo, tras el pico del agua, será un mundo distinto de aquél que conocíamos antes del pico. En el transcurso de nuestras vidas el uso del agua para las zonas irrigadas, que significa el 70% del agua utilizada, disminuirá. Será un mundo muy diferente que aún no hemos imaginado. Lo mismo vale para el petróleo, naturalmente. En el transcurso de nuestras vidas el nivel de extracción ha aumentado y ahora disminuye. Será un mundo muy diferente.


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Saturday, May 22, 2010

Previsiones del tiempo... en la Corriente del Golfo

Las televisiones de Florida en sus programas meteorológicos ya no enseñan lo relativo a las nubes, sino las previsiones del movimiento de la marea negra. En este vídeo, el hombre del tiempo enseña la trayectoria del crudo en la Corriente del Golfo tal y como se prevé día tras día hasta el 28 de mayo (ver a partir de 00:42). Parece que no hay salida.



Mientras tanto, el crudo ya ha alcanzado Luisiana, donde hasta hace poco el gobernador exclamaba indignado "nuestras costas están inmaculadas" a quienes le pedían que aclarara la situación. Somos expertos en esconder la cabeza bajo el ala.

En Florida se recogen bolas de alquitrán en las playas, sin embargo los expertos niegan que provengan de Macondo y sostienen que se trata de alquitrán procedente de quién sabe dónde. ¿También ellos esconden la cabeza bajo el ala?

Luego trasciende la noticia de que EE.UU. y Cuba están trabajando hombro con hombro por primera vez desde hace décadas, pues poco falta para que la marea negra amenace también las costas cubanas. El estrecho de Florida es pequeño y el viento podría transportar el estrato oleoso hacia el norte de la isla. Estas observaciones, dicho sea de paso, despiertan sospechas -todo el mundo lo considera ya inevitable- sobre la llegada de la marea negra al Atlántico.

Y ahora un poco de cotilleo sin fundamento. Hay quien vocifera que los pozos de Deepwater Horizon fueron perforados sin permiso y que hubo otro accidente hace meses, que resolvieron enseguida pero no comunicaron. Además, las malas lenguas sostienen que la prioridad de la BP es salvar el yacimiento (que ha costado un montón de dinero) y que ese drenaje de crudo y agua con cuentagotas forma parte de dicho programa. Parece que el petróleo extraído hasta ahora con esa jeringa es sólo una mínima parte de lo que sale. Mientras tanto, se calma a la prensa contando todo tipo de éxitos.

Y a propósito de la prensa, hay más de uno que insinúa que la BP y la task force están ocultando descaradamente todo tipo de información:

-no divulgaron los resultados de tests acerca de la exposición de los ciudadanos a los humos del petróleo quemado en el Golfo;

-no están monitoreando la cantidad de la fuga, y a duras penas hacen públicas alguna grabación del pozo;

-ni publican ni permiten que se tomen muestras del aire;

-han llegado a hacer que los guardacostas expulsen a algunos activistas que tomaban muestras de alquitrán en las costas de Luisiana.

Al preguntarles al respecto, los expertos BP sostuvieron cándidamente: "¿Por qué deberíamos publicar la información? Todos quienes tienen legítimo interés pueden acceder a ella". Se referían al gobierno, la Halliburton, la Transocean y todas las subcontratas.

Los ciudadanos, evidentemente, no gozan de interés legítimo alguno.

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Wednesday, May 19, 2010

BP y los “pequeños Eichmann”

Las culturas que no reconocen que la vida humana y el mundo natural tienen una dimensión sagrada, un valor intrínseco que va más allá del valor monetario, se canibalizan hasta morir. Explotan de manera implacable el mundo natural y a los miembros de su sociedad en nombre del progreso hasta el agotamiento o el colapso, ciegas a la furia de su propia autodestrucción. El vertido de petróleo en el Golfo de México, que se estima que puede ser de hasta 100.000 barriles diarios, forma parte de nuestra demencial marcha hacia la muerte. Es un golpe más suministrado por el Estado corporativo, el trueque de vida por oro. Pero en este caso el colapso, cuando tenga lugar, no será confinado a la geografía de una civilización decadente. Será global.

Los que realizan este genocidio global -hombres como el director ejecutivo de BP Tony Hayward, quien nos asegura que “el Golfo de México es un océano muy grande, la cantidad de petróleo y dispersante que estamos introduciendo es ínfima en relación con el volumen total de agua”– son, para usar una línea de Ward Churchill: “pequeños Eichmann”. Sirven a Tánatos, las fuerzas de la muerte, el instinto sombrío que Sigmund Freud identificó dentro de los seres humanos que nos lleva a aniquilar todas las cosas vivientes, incluidos nosotros mismos. Esos individuos deformes carecen de la capacidad de empatía. Son al mismo tiempo banales y peligrosos. Poseen la capacidad peculiar de organizar vastas burocracias destructivas y sin embargo mantenerse ciegos ante las ramificaciones. La muerte que expenden, sea en los contaminantes y carcinógenos que han convertido el cáncer en una epidemia, la zona de la muerte que se crea rápidamente en el Golfo de México, los campos de hielo polares que se derriten o las muertes durante el año pasado de 45.000 estadounidenses que no se pudieron permitir una atención sanitaria adecuada, forman parte del frío y racional intercambio de vida por dinero.

Las corporaciones, y los que las dirigen, consumen, contaminan, oprimen y matan. Los pequeños Eichmann que las dirigen residen en un universo paralelo de asombrosa riqueza, lujo y espléndido aislamiento que rivaliza con el de la corte de Versalles. La elite, protegida y enriquecida, sigue prosperando incluso mientras el resto de nosotros y el mundo natural comienzan a morir. Son insensibles. Extraerán la última gota de ganancias de nosotros hasta que no quede nada. Y nuestras escuelas de administración de empresas y universidades elitistas producen como salchichas decenas de miles de esos administradores de sistemas sordos, mudos y ciegos que han sido dotados de sofisticadas pericias de administración y de la incapacidad de tener sentido común y sentir compasión o remordimiento. Esos tecnócratas confunden el arte de la manipulación con el conocimiento.

“Mientras uno más lo escuchaba, más obvio se hacía que su incapacidad de hablar estaba estrechamente ligada a una incapacidad de pensar, es decir, de pensar desde el punto de vista del otro,” escribió Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén. “Ninguna comunicación era posible con él, no porque mentía sino porque estaba rodeado por la más fiable de todas las salvaguardas contra palabras y la presencia de otros, y por lo tanto contra la realidad como tal.”

Nuestra clase dirigente de tecnócratas, como señala John Ralston Saul, es efectivamente indocta. “Uno de los motivos por los que es incapaz de reconocer la relación necesaria entre el poder y la moralidad es que las tradiciones morales son el producto de la civilización y él tiene poco conocimiento de su propia civilización”, escribe Saul hablando del tecnócrata. Saul llama a esos tecnócratas “hedonistas del poder”, y advierte que su “obsesión con estructuras y su incapacidad o falta de disposición a asociarlas con el bien público convierten ese poder en una fuerza abstracta que funciona, las más de las veces, de maneras distintas de las necesidades reales de un mundo dolorosamente real”.

BP, que tuvo 6.100 millones de dólares en ganancias en el primer trimestre de este año, nunca obtuvo permisos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. La protección del ecosistema no importaba. Pero BP de ninguna manera está sola. La perforación con una extrema indiferencia hacia el ecosistema es una práctica común de las compañías petroleras, según un informe en The New York Times. Nuestro Estado corporativo ha aniquilado la regulación medioambiental con tanta tenacidad como la empleada en la aniquilación de la regulación financiera y del habeas corpus. Las corporaciones no distinguen entre nuestro empobrecimiento personal y el empobrecimiento del ecosistema que sustenta a la especie humana. Y el abuso, de nosotros y del mundo natural, es tan incontrolado bajo Barack Obama como lo fue bajo George W. Bush. La personalidad de marca que se encuentra en la Casa Blanca es un títere, una cara utilizada para enmascarar un sistema insidioso bajo el cual nosotros como ciudadanos hemos sido privados de poder y bajo el cual nos convertimos, junto con el mundo natural, en daño colateral. Como lo entendió Karl Marx, el capitalismo desinhibido es una fuerza revolucionaria. Y esa fuerza nos está consumiendo.

Karl Polanyi en su libro La gran transformación, escrito en 1944, planteó las devastadoras consecuencias –depresiones, guerras y totalitarismo– que surgen del llamado mercado libre autorregulado. Comprendió que “el fascismo, como el socialismo, estaba enraizado en una sociedad de mercado que se negaba a funcionar”. Advirtió que un sistema financiero siempre degenera, sin un fuerte control gubernamental, en un capitalismo mafioso –y en un sistema político mafioso– lo que es una buena descripción de nuestro gobierno corporativo. Polanyi advirtió de que cuando la naturaleza y los seres humanos son objetos cuyo valor es determinado por el mercado, los seres humanos y la naturaleza son destruidos. Los excesos especulativos y la creciente desigualdad, escribió, siempre dinamitan el fundamento para una prosperidad continua y aseguran “la demolición de la sociedad”.

“Al desechar el poder del trabajo de un hombre el sistema desecha, dicho sea de paso, la entidad física, psicológica y moral del ‘hombre’ asociada con esa etiqueta”, escribió Polanyi. “Despojados del revestimiento protector de instituciones culturales, los seres humanos perecerían por los efectos de la exposición social; morirían como víctimas de la desarticulación social aguda a través del vicio, la perversión, el crimen y el hambre. La naturaleza sería reducida a sus elementos, vecindarios y paisajes dañados, ríos contaminados, la seguridad militar puesta en peligro, el poder de producir alimentos y materias primas destruido. Finalmente, la administración de mercado del poder adquisitivo liquidaría periódicamente la iniciativa empresarial, ya que las escaseces y los excesos de dinero serían tan desastrosos para los negocios como las inundaciones y sequías en la sociedad primitiva. Sin lugar a dudas, los mercados laboral, de tierras, y dinero son esenciales para una economía de mercado. Pero ninguna sociedad podría resistir los efectos de un sistema semejante de burdas ficciones incluso durante el período más breve a menos que su sustancia humana y natural así como sus organizaciones empresariales estuvieran protegidas contra los estragos de esa fábrica satánica”.

El Estado corporativo es un tren de carga descontrolado. Desgarra los acuerdos de Kioto en Copenhague. Saquea el Tesoro de EE.UU. para que los especuladores puedan seguir jugando con miles de millones en subsidios del contribuyente en nuestro sistema pervertido de capitalismo de casino. Priva de derechos a nuestra clase trabajadora, diezma nuestro sector manufacturero y nos niega fondos para sustentar nuestra infraestructura, nuestras escuelas públicas y nuestros servicios sociales. Envenena el planeta. Perdemos, cada año en todo el globo, un área de tierra de cultivo mayor que Escocia por la erosión y la expansión urbana. Se calcula que hay 25.000 personas que mueren cada día en alguna parte del mundo debido al agua contaminada. Y unos 20 millones de niños son discapacitados mentalmente cada año por la desnutrición.

EE.UU. muere como mueren todos los proyectos imperiales. Joseph Tainter, en su libro Colapso de sociedades complejas, argumenta que los costes de dirigir y defender un imperio terminan por hacerse tan agobiantes, y la elite se convierte en tan calcificada, que se hace más eficiente desmantelar las superestructuras imperiales y volver a formas locales de organización. En ese momento los grandes monumentos al imperio, de los templos sumerios y mayas a los complejos de baños romanos, se abandonan, caen en desuso y se abandonan. Pero esta vez, advierte Tainter, porque no nos queda ningún sitio al cual migrar y expandir “la civilización mundial se desintegrará en su conjunto”. Esta vez el planeta se derrumbará con nosotros.

“Nosotros en los países afortunados de Occidente consideramos nuestra burbuja bicentenaria de libertad y opulencia como normal e inevitable; incluso ha sido llamada el ‘fin’ de la historia, tanto en un sentido temporal como teleológico,” escribe Ronald Wright en Una breve historia del progreso. “Sin embargo, este nuevo orden es una anomalía: lo contrario de lo que sucede usualmente cuando las civilizaciones crecen. Nuestra época fue financiada por la toma de la mitad del planeta, ampliada por la adquisición de la mayor parte de la mitad restante, y ha sido sustentada por el gasto de nuevas formas de capital natural, especialmente combustibles fósiles. En el Nuevo Mundo, Occidente dio en la mayor bonanza de todos los tiempos. Y no habrá otra parecida –no a menos que encontremos a los marcianos civilizados de H.G. Wells, con la vulnerabilidad a nuestros gérmenes que fue su perdición en su Guerra de los mundos.”

La contaminación moral y física está equiparada a una contaminación cultural. Nuestro discurso político y civil se ha convertido en un galimatías. Está dominado por espectáculos complicados, rumores sobre celebridades, las mentiras de la publicidad y los escándalos. Lo chabacano y lo salaz ocupan nuestro tiempo y energía. No vemos los muros que se derrumban a nuestro alrededor. Invertimos nuestra energía intelectual y nuestras emociones en lo vacuo y absurdo, los entretenimientos vacíos que preocupan a una cultura degenerada, de modo que cuando llegue el colapso final podamos ser arreados, ciegos y temerosos, hacia el infierno.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

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Tuesday, May 18, 2010

Riqueza del golfo, en riesgo de muerte

El olor a petróleo y la tristeza empapan el ambiente de Venice, Louisiana. “Huele a químicos. El aire se respira pesado. Es muy deprimente lo que estamos viendo”. Con estas frases, la bióloga marina Regan Nelson describe la atmósfera que reina en esta comunidad que mira al golfo de México, una de las primeras afectadas por el derrame de hidrocarburos que desde hace casi un mes tiene a Estados Unidos sumido en lo que se encamina a ser uno de los más grandes desastres ecológicos del planeta.

Regan Nelson forma parte del equipo de expertos que la organización estadounidense Natural Resources Defense Council (NRDC) envió a la zona afectada por el derrame que comenzó el pasado 20 de abril con una explosión en la plataforma Deepwater Horizon, perteneciente a la empresa Transocean y concesionada a la British Petroleum para extraer petróleo en aguas profundas del golfo de México.

Desde hace 27 días, el pozo —localizado a una profundidad de mil 500 metros y a 67 kilómetros de la costa de Louisiana— derrama más de 5 mil barriles diarios de petróleo, de acuerdo con cálculos de la Guardia Costera de EU. Científicos y ecologistas advierten que la cantidad podría ser hasta 10 veces mayor.

La emergencia que se vive en Louisiana ha traído a la mente de muchos el derrame que en 1979 presentó el Ixtoc-1, localizado frente a Campeche. Por el flujo de las corrientes marinas, gran parte del petróleo vertido fue a dar hasta las costas de Texas. Ese pozo vertió al mar cerca de 20 mil barriles de petróleo al día, durante poco más de nueve meses. Esta cifra lo colocó como el peor desastre en la historia del golfo de México, un deshonroso título que podría perder si en los próximos días no se controla el pozo de British Petroleum.

Primero “Katrina”, ahora el petróleo

La doctora Gina Solomon es otra de las expertas de la NRDC que viajó a Venice, Louisiana, para realizar un monitoreo de la calidad del aire y el agua. También atiende a las personas que trabajan para que la mancha negra no llegue hasta la costa. Esta comunidad basa su economía, principalmente, en la explotación petrolera, la pesca y el turismo. En los últimos años ha tenido que lidiar con desastres de gran magnitud. En 2005, sufrió los efectos del huracán Katrina.

La gente de la comunidad —cuenta Solomon— se siente a la deriva. “Ellos dicen que cuando llega un huracán saben qué pasa, saben que la pesca revivirá. Pero con esto, quién sabe cuándo saldrán a pescar; si avanza el petróleo, quizá nunca se recupere la pesca”.

John Day, de la Universidad Estatal de Louisiana y uno de los expertos en el ecosistema costero de Estados Unidos, comenta que si el hidrocarburo llega al delta del río Mississippi de inmediato “mataría a los humedales que no tienen una profundidad mayor de dos metros; sería muy difícil limpiarlos”.

En la costa de Louisiana están los humedales “más extensos e importantes de Estados Unidos, ya que su vegetación contribuye a la productividad natural de las pesquerías costeras como pargos, huachinangos, róbalos, ostiones, camarones, jaibas, entre otros”, dice Alejandro Yáñez-Arancibia, investigador y profesor de Posgrado del Instituto de Ecología de Xalapa y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias.

Gracias a estos humedales, el estado de Louisiana tiene 80% de todas las pesquerías costeras de Estados Unidos en el golfo de México.

Por ahora, explica el investigador mexicano, la descarga de agua dulce que llega del río Mississippi (20 mil metros cúbicos por segundo) funciona como barrera y evita que el petróleo llegue directamente a los humedales y playas de Louisiana. Sin embargo, las corrientes del golfo de México están dispersando la mancha de petróleo en dos ramas, una hacia la costa norte de Texas y otra hacia Alabama y Florida.

El jueves 6 de mayo, la bióloga marina Regan Nelson, de la NRCD, recorrió en lancha parte del área afectada por el derrame. Un grupo de delfines nadaba en medio de las aguas contaminadas por el hidrocarburo y por los químicos dispersantes que se están utilizando para “aminorar” el impacto. “Nosotros, que estábamos en la lancha, comenzamos a sentirnos enfermos. En la zona es muy fuerte el olor a químicos, es sofocante. Ahora, imagina cómo afectará a los animales marinos y al ecosistema”.

Dispersantes, otro contaminante

La empresa British Petroleum utiliza dispersantes para contener la mancha del petróleo. Hasta el momento ha vertido alrededor de un millón de litros de estos químicos. Adriana Quintero, directora de La Onda Verde (rama latina de la NRDC), explica que los dispersantes tienen compuestos volátiles, por lo que pueden afectar a las personas que trabajan en las labores de limpieza de la zona. Además, tienen efectos tóxicos en las plantas y animales que viven en las capas más profundas del mar, como los pastos marinos y arrecifes de coral. “No existen estudios sobre cuál es su impacto cuando se aplican en esta cantidad”.

Los dispersantes no hacen que el petróleo desaparezca, sólo provocan que se rompan las partículas del crudo, se formen pequeños grumos y sean más fáciles de digerir por microorganismos.

El científico español Manuel Ferrer descifró el genoma de una bacteria que se caracteriza por “comer” petróleo. Se le pregunta si estos microorganismos serían útiles para esta emergencia. “En las profundidades donde emerge el derrame, no. Pero en la superficie marina sí. Sabemos que cuando hay derrames algunas bacterias se multiplican… Aunque muchos de los compuestos presentes en el petróleo son muy difíciles de degradar por las bacterias”.

El investigador español explica que la ciencia aún está trabajando para crear tecnología que permita “diseñar nuevos microorganismos que crezcan más rápido y sean capaces de asimilar más rápido los hidrocarburos”.

Hábitat, amenazado

Un reciente estudio, publicado en el libro Gulf of Mexico Origin, Waters and Biota Volumen 2, asegura que el golfo de México tiene un valor productivo de 124 mil millones de dólares anuales, tanto para Estados Unidos como para México, por actividades como la extracción de petróleo, turismo y pesca. Esta riqueza peligra, asegura Alejandro Yáñez-Arancibia, uno de los autores de la investigación.

“La productividad de las costas, las pesquerías, el turismo y la integridad ecológica del paisaje dependen de la calidad y cantidad de los valiosos hábitat críticos que hoy están severamente amenazados por la contaminación que ambos países inducen hacia el mar, a través de los ríos o por derrames petroleros como lo fue el Ixtoc-1 y ahora el de British Petroleum”, asegura el estudio.

Cualquier derrame de petróleo en el golfo de México, comenta Yáñez-Arancibia, afecta directamente los bosques de manglar y de cipreses de los humedales costeros, las desembocaduras de los ríos y los arrecifes de coral. “Todos estos ecosistemas de aguas poco profundas están interconectados, funcionan integradamente y son muy vulnerables al impacto ambiental del petróleo”.

Evidencia incapacidad del gobierno

Organizaciones ecologistas coinciden en que esta emergencia ecológica ha puesto a flote la incapacidad del gobierno de Estados Unidos y de las principales empresas petroleras para realizar extracción de hidrocarburos en aguas profundas del golfo de México.

“Durante años hemos advertido que esto podía ocurrir. Decíamos que no era seguro realizar extracción petrolera en aguas profundas, pero parece que la única forma de que la gente y los políticos entiendan es mirando cómo este monstruo está dañando nuestras costas”, dice Javier Sierra, de Sierra Club, organización que en su página de internet ya tiene inscritos a cerca de 2 mil 500 personas dispuestas a participar como voluntarios en las labores de limpieza y recuperación del golfo de México.

Sierra Club, NRDC y Greenpeace son algunas de las organizaciones que ya impulsan campañas para solicitar al presidente de Estados Unidos y al congreso de EU que establezca una moratoria a las perforaciones petroleras en el golfo de México. Además de que se apruebe una reforma energética para impulsar el uso de energía limpia.

Los estadounidenses —asegura Adriana Quintero de la NRDC— están empezando a entender algo que los ecologistas ya sabíamos. Están viendo las grandes conexiones que existen entre las petroleras y el gobierno. Están viendo que estas empresas están comprando permisos para contaminar sin límites.

Esa contaminación tiene ahora en vilo a los pescadores y habitantes de Venice, en el estado de Louisiana. El futuro de esta comunidad, de otras poblaciones costeras, de los humedales, manglares de la región y de cientos de especies depende ahora del tiempo que tarde la empresa British Petroleum en contener la fuga de petróleo que está pintando de negro el golfo de México.

FUENTE

Friday, May 14, 2010

Senadores de California, Oregon y Washington quieren prohibir proyectos de perforación


En riesgo, planes de exploración de crudo en costas del Pacífico de EU

El accidente de British Petroleum provocará la mayor demanda colectiva de la historia: abogados


Periódico La Jornada
Viernes 14 de mayo de 2010, p. 31

Miami, 13 de mayo. El derrame petrolero en el Golfo de México, por el que se han presentado hasta ahora unas 100 demandas contra las compañías responsables del accidente, amenaza los proyectos de exploración de crudo en las costas desde California hasta Alaska, de acuerdo con iniciativas de senadores, de regulaciones del gobierno de Estados Unidos y de grupos ambientalistas.

Los senadores de los estados de la costa oeste estadunidense –California, Oregon y Washington– presentaron este jueves un proyecto de ley para prohibir cualquier nuevo proyecto de perforación y prospección marítima en sus costas.

El texto es para "asegurarse que no habrá jamás una perforación petrolera o gasífera en la costa oeste de nuestro país", dijo la senadora de California, Barbara Boxer. Una medida similar fue presentada la semana pasada en la Cámara de Representantes por el legislador californiano John Garamendi.

Los legisladores subrayaron que en 1981 se aprobó una moratoria de este tipo, que fue renovada cada año hasta 2008, cuando el presidente George W. Bush la dejó expirar. "El riesgo de una marea negra es demasiado grande", dijo Boxer.

El 20 de abril British Petroleum (BP) perdió el control de la plataforma Deepwater Horizon luego de que explotó y dos días después se hundió, lo que causó la muerte de 11 trabajadores y provocó una gigantesca marea negra en el Golfo de México. Desde entonces, diariamente se vierten al mar unos 5 mil barriles de crudo (casi 800 mil litros), que afectan a 14 sectores ambientales y económicos de las costas de Misisipi, Florida, Luisiana y Alabama.

En duda, programa en el Ártico

Ante ese desastre, se ha puesto también en duda los planes de la anglo-holandesa Royal Dutch Shell para explorar crudo a miles de kilómetros de distancia en el océano Ártico.

Reguladores estadunidenses, bajo crecientes críticas por la supervisión de la industria del petróleo, buscan nueva información sobre los planes de Shell en las aguas de la frontera de Alaska, y grupos ambientales tratan de bloquear una nueva perforación en la región.

Shell informó que aún planea perforar cinco pozos este año en Alaska, como parte de un ambicioso programa de años de preparación. "Seguimos adelante", dijo el vocero Curtis Smith. Según esto, la compañía planea perforar cerca de 121 kilómetros mar adentro en el Chukchi Sea, la extensión de hielo entre Alaska y Siberia, y el mar de Beaufort, a varias millas de la costa norte de Alaska.

Shell ha invertido cerca de 3 mil 500 millones de dólares desde 2005 en su plan para convertir la plataforma continental externa explorada ligeramente de Alaska en una gran provincia productora de petróleo. Las cuencas tienen el potencial de poseer una cifra combinada de 24 millones de barriles de petróleo recuperable, de acuerdo con estimaciones del Departamento del Interior.

El Servicio de Manejo de Minerales (MMS por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, que meses atrás dio una aprobación preliminar a los planes de perforación de Shell en Alaska, ahora quiere que la compañía adopte medidas de seguridad adicionales en respuesta al accidente de la BP.

En tanto, las compañías relacionadas con el derrame de crudo en el Golfo de México enfrentan unas 100 demandas. El propio gobernador de Florida, Charlie Crist, reclamó a la petrolera BP 34 millones de dólares para una campaña publicitaria que contrarreste información sobre los efectos que el derrame tendrían en aguas y playas del estado y que afectan al turismo.

Las demandas ya han sido presentadas en toda la región del Golfo, y el desastre, que según los abogados se convertirá en la demanda colectiva más grande de la historia de Estados Unidos, involucra miles de millones de dólares. "Esto no es sólo un desastre ambiental, esto es un desastre legal", dijo el fiscal general de Alabama, Troy King.

Las familias de los 11 empleados que murieron han presentado reclamos, y las personas que resultaron heridas también han recurrido a medidas legales. Las compañías enfrentan además demandas de pescadores, restaurantes, compañías de turismo y hoteles, entre otros.

Los estados de la costa del Golfo de México también podrían demandar, al igual que los municipios, por pérdida de impuestos, y las compañías navieras igual, si el tráfico hacia los grandes puertos o el río Misisipi se ve interrumpido.

La compañía ha dicho en reiteradas oportunidades que asume la responsabilidad del derrame de crudo y que pagará cualquier reclamo de daño legítimo. Así, la BP adoptó la inusual medida de pedir que la juez Lynn Hughes, de Houston, designada al estrado federal por el ex presidente Ronald Reagan, maneje la multimillonaria demanda que se avecina.

Las acciones de la trasnacional británica BP han caído desde el accidente, y han perdido cerca de 30 mil millones de dólares de su valor de mercado. Además, sólo el derrame le ha costado a la empresa 450 millones de dólares, hasta hoy.

Mientras, las autoridades de Estados Unidos y la BP expresaron su esperanza de tener bajo control el derrame petrolero el próximo fin de semana, en el segundo día en que la trasnacional renueva esfuerzos por detener el flujo con otro contenedor de acero.

Fuente

Anatomía política de un desastre petrolero




¿Quién es el responsable del gran desastre medioambiental originado por el derrame de petróleo en el Golfo de México? A medida que el país se percata de la ciclópea magnitud del accidente, los medios de comunicación aputan, fundadamente, a la compañía petrolera BP. Sin embargo, no se ha prestado suficiente atención al papel de Ken Salazar y de su ruinoso Departamento del Interior, una entidad gubernamental que, en teoría, regula las perforaciones petrolíferas costeras.

Con un presupuesto rayano en lo 16 mil millones de dólares, el de Interior es un importante Departamento que supervisa más de 500 millones de acres de tierras federales [más de 200 millones de hectáreas; T.], incluidos los parques nacionales; cerca, pues, de un quinto de la superficie de los EEUU. Los programas del Departamento abarcan desde la protección de especies en peligro de extinción hasta la oferta de arriendos de gasíferos y petrolíferos.

En fecha tan reciente como fines de 2009, la Administración Nacional para el Océano y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés) alertó a Interior de que la frecuencia de fugas y derrames en las torres extractoras de petróleo estaba muy subestimada, y de que se estaba descuidando peligrosamente la amenaza y el impacto que un gran derrame podría tener en las poblaciones costeras. Añadiendo leña al fuego, el Washington Post informa ahora de que Interior dejó exentas el años pasado a las instalaciones de BP en el Golfo de México de todo escrutinio analítico sobre su posible impacto medioambiental.

¿Podría no ser todo eso sino la punta del iceberg? A la vista del deslustrado pilotaje de Interior por parte de Salazar, es más que probable. Comoquiera que sea, tendremos más información en las audiencias venideras en el Capitolio. La próxima semana, el Comité de Medio Ambiente y Obras Públicas del Senado abordará el derrame, en una audiencia que vendrá a insertarse en un apretado calendario de sesiones. Aunque todavía no se han anunciado los testigos, está excluido que Salazar preste testimonio. El secretario está ya en fase de control de daños, y acaba de anunciar que su Departamento instituirá una comisión para revisar las condiciones de seguridad de las perforaciones costeras y otros asuntos tecnológicos, así como para estrechar la supervisión de las pruebas a que han de someterse los equipos industriales.

¿Cómo pudo permitir el gobierno que ocurriera tamaña catástrofe? Se trata del tipo de accidente que uno habría esperado bajo la presidencia de Bush, cuando las grandes transnacionales petrolíferas tenían barra libre, pero no bajo la administración de Obama. En realidad, bajo Bush, el Departamento de Interior llegó a ser un objeto de ludibrio general tal, que casi podría decirse que actuaba como una filial de la propia industria petrolífera.

De acuerdo con el inspector general de Interior, Earl Devaney, que investigó durante dos años al Departamento, había “una cultura de abuso y promiscuidad substanciales” entre el personal del Servicio de Gestión de Minerales (MMS, por sus siglas en inglés), dependiente del Departamento de Interior. El ente gestiona miles de millones de dólares de suministros de petróleo y gas natural entregados por las compañías a modo de pagos en especie por perforar en tierras federales.

Devaney halló que cerca una docena de empleados de MMS se drogaban con cocaína e iban bebidos a iban a fiestas con personales de las compañías petroleras que hacían negocios con la agencia. En un asombroso y atente caso de doloso conflicto de intereses, los empleados de MMS tenían relaciones sexuales con contactos proporcionados por la industria y aceptaban regalos de los representantes de la industria del gas y el petróleo. A causa de eso, muchos empleados de MMS fueron luego o sancionados o despedidos.

El vaquero del Salvaje Oeste cabalga hacia la ciudad

Se suponía que el ascendiente de Ken Salazar en Interior cambiaría la naturaleza, viscosa como el petróleo, de la política practicada en el Departamento. Un hombre del Oeste cuyas raíces familiares se hunden en el siglo XVI, Salazar raramente se dejaba ver sin las botas y el sombrero característicos del buen vaquero. El nombramiento de Salazar por Obama fue celebrado por muchos grupos que se habían significado en la lucha por proteger de la perforación petrolífera y gasística remotas áreas rurales y prístinas cuencas acuíferas. Antes de convertirse en Senador Demócrata por Colorado, Salazar había desempeñado el cargo de director del Departamento de Recursos Naturales. También había trabajado, en su despacho de abogado privado, como defensor de causas medioambientales y relacionadas con el agua.

Como Secretario de Interior, Salazar ofreció limpieza y transparencia. En las audiencias de su confirmación en el cargo, dejó dicho que pudiera haber determinadas áreas en las que podrían haberse rebasado los límites fijados a la producción de petróleo en la costa. En realidad, en 2006, Salazar votó a favor de la Ley de Seguridad Energética en el Golfo de México, ley que puso fin a las protecciones de que hasta entonces gozaba la costa del Golfo de Florida y abrió cerca de 4 millones de hectáreas de las costas de Florida, Alabama, Mississippi y Luisiana a las perforaciones petrolíferas y gasísticas.

En la convicción de que Obama había traicionado sus promesas cambio realizadas en campaña electoral, unos indignados grupos de defensa de la vida salvaje dirigieron una carta al presidente para protestar del nombramiento de Salazar como Secretario de Interior. Habría sido mejor, sostenían, nombrar a un representante Demócrata como Raúl Grijalva, de Arizona, que tenía credenciales archiverdes.

En un escrito publicado en el New Mexico Independent, el ecologista y antiguo hombre del sector petrolero y gasístico Jim O’Donnell, observó que “el señor Salazar no es un visionario. No es un agente del cambio. El señor Salazar tiene un muy interesante y convincente pasado como hombre del Oeste norteamericano. Sin embargo, desde mi punto de vista, tiene escaso interés ne la protección de la biodiversidad y aún menos interés en una economía libre de combustibles fósiles. No representa el cambio que necesitamos”.

El hombre que se anda con rodeos

“Las palabras apropiadas para describir a Ken Salazar”, opinaba el New York Times en enero de 2009, “son que es amistoso, accesible, que sabe escuchar, que es un hombre genial a la hora de buscar compromisos, un verdadero perito en la forja de acuerdos”. Pero, añadía el cotidiano neoyorquino, “todo eso constituye también el punto débil de Ken Salazar”. Lo que fundamentalmente necesita ahora mismo el Departamento de Interior, proseguía el NYT, es a alguien capaz de romper cabezas cuando sea necesario y de trazar firmemente la línea fronteriza frente a los poderosos grupos comerciales –promotores, rancheros, compañías petrolíferas y gasísticas, o una industria automovilística descarriada— que llevan demasiado tiempo tratando al Departamento como una extensión pública de sus intereses privados.”

En el año y medio que siguió a su nombramiento, Salazar hizo poco para desmentir la pobre descripción de sus carácter realizada por el NYT. En la agenda del nuevo Secretario estaba el muy caliente asunto de la perforación petrolífera costera. En los últimos días de la presidencia de Bush, tanto el Congreso como la Casa Blanca, consintieron que expirara el plazo de una prohibición federal de las perforaciones petrolíferas costeras y que afectaba a la exploración de nuevas áreas abiertas a lo largo de la línea costera estadounidense.

Enfrentado a ciertas decisiones política y moralmente difíciles, Salazar tomó el partido de aplazarlas. El Secretario declaró que se paralizarían las nuevas perforaciones petrolíferas costeras, y entretanto, el gobierno abriría un período de seis meses de discusión pública. Se animó hasta cierto punto a los ecologistas a participar, pero no tardaron esto en percatarse de que la jugada no había bastado siquiera para detener a los promotores de las perforaciones petrolíferas costeras.

En abril de 2009, Salazar fue personalmente a Alaska, en donde los pescadores le pidieron que no se siguiera adelante con la promoción petrolífera de la Plataforma Extracontinental en la Bahía de Bristol. Rebecca Noblin, una abogada con despacho en Anchorage del grupo ecologista Centro por la Diversidad Biológica –un grupo que litigó en su día para que los osos polares figuraran en la lista de especies amenazadas protegidas por la Ley de Especies Amenazadas— declaró a la Anchorage Press sentirse decepcionada con Salazar, que no había convocado ni a científicos ni a ecologistas durante su visita.

“Resulta difícil saber qué impresiones ha podido dejar la audiencia en el Secretario Salazar”, observaba Anchorage Press. “Poco después del testimonio de Noblin, procedió a algunas observaciones finales que indicaban que había escuchado los comentarios, pero poco más”, añadía el periódico. “En un posterior encuentro con los periodistas, justo antes de marcharse, no se comprometió a nada”.

Salazar prosiguió sus viajes, presidiendo otra audiencia en Nueva Orleáns. Allí fue confrontado por unos activistas ecologistas que tomaron el micrófono para explicar que seguir promoviendo las exploraciones petrolíferas costeras redundaría en graves daños para los sensibles ecosistemas oceánicos. Darryl Malk-Wiley, del Sierra Club, pidió un estudio analítico detallado de las posibles fugas y derrames, declarando que en los últimos huracanes se había derramado centenares de millones de galones de crudo, en parte a causa del envejecimiento de las infraestructuras de la industria petrolífera y gasística.

Si Salazar se dejó conmover por los ruegos ecologistas, no dejó entreverlo. La nación necesita un “plan energético global”, dijo, aunque no especificó si eso incluiría más perforaciones petrolíferas en las líneas de costa estadounidenses.

El futuro de las exploraciones petrolíferas costeras

Tal vez las audiencias concedidas aquí y allá no hayan sido sino una pantalla de humo para Salazar, mera fachada pública. Como sabemos ahora, Interior ignoró las alertas lanzadas por NOAA mientras Salazar ingeniaba tranquilamente con la Casa Blanca un terrible plan petrolífero costero. En marzo del presente año, y a mayor escarnio de los ecologistas, Obama anunció finalmente que llevaría a cabo una ampliación de las prospecciones petrolíferas y gasísticas en las costas del Golfo de México, entre otras áreas.

A resultas del masivo derrame de petróleo de BP en Luisiana, la Casa Blanca anunció un alto en las nuevas exploraciones petrolíferas costeras. Pero lo que realmente se necesita es una moratoria total de toda explotación petrolífera costera. A la vista de su triste registro, Ken Salazar difícilmente puede ser considerado el burócrata adecuado para un programa de tal ambición, que implicaría necesariamente una transición radical: de los combustibles fósiles a las energías alternativas.

Nikolas Kozloff es autor de No Rain In the Amazon: How South America’s Climate Change Affects The Entire Planet [Sin lluvia en la Amazonía: Cómo el cambio climático en Suramérica afecta al conjunto del planeta], editorial Palgrave Macmillan, abril 2010.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

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