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Saturday, June 5, 2010

El día del Ambiente y el sistema economicista

Nos ha tocado transitar nuestras vidas, o al menos gran parte de ellas, en una era en la que la sociedad humana se encuentra regida en su gran mayoría por un sistema economicista. Término que según el Diccionario de la Real Academia Española, significa el "criterio o doctrina que concede a los factores económicos primacía sobre los de cualquier otra índole".

Es decir, que en la toma de decisiones se priorizan los factores económicos por sobre los sociales, los ambientales e incluso por sobre la vida misma de las personas o cualquier otro ser vivo del planeta.

Las grandes multinacionales han sido extremadamente hábiles para maximizar sus beneficios económicos en el corto y mediano plazo. Sin embargo, se comportan de una forma casi idiota en cuanto a un período mayor de tiempo. Priorizando obtener mayores ganancias en el menor tiempo posible, están auto boicoteando sus beneficios a largo plazo.

Destruyen y degradan los ecosistemas de los cuales se nutren de materias primas al no utilizarlos de forma sustentable. Tal es el caso por ejemplo de la industria pesquera. Que ha reducido por sobreexplotación de tal forma las poblaciones de algunas especies, que ya se encuentran cercanas a la extinción.

Por supuesto, no es el único caso, también la industria maderera, la agricultura, la energética y tantas otras vienen teniendo este tipo de comportamiento que las llevará no sólo a la autodestrucción, sino está causando una rápida aceleración de las crisis ambiental, social, alimentaria, de biodiversidad y de muchos otros tipos que afecta a toda la humanidad.

En pocos días se celebrará nuevamente el Día mundial del medio ambiente y el PNUMA ha presentado un nuevo e interesante informe titulado Planeta muerto, planeta vivo, donde se presentan argumentos económicos a favor de la reparación del mundo natural que ha sido dañado y degradado.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la restauración de los ecosistemas dañados o perdidos —desde bosques y sistemas de agua dulce hasta manglares y humedales—, lejos de ser un impuesto al crecimiento y el desarrollo, pueden generar rendimientos sustanciales.

El informe se basa en miles de proyectos para restaurar los ecosistemas de todo el mundo y expone más de 30 iniciativas que están transformando la vida de comunidades y países.

Entre ellos cabe mencionar la restauración de los caudales de agua hacia los ríos y lagos, la mejora de la estabilidad y fertilidad de los suelos, que son fundamentales para la agricultura, y la lucha contra el cambio climático por medio del secuestro y almacenamiento del carbono de la atmósfera. En el informe subraya que el mantenimiento y la gestión de los ecosistemas intactos debe ser la prioridad fundamental. Sin embargo, dado que más del 60% de esos ecosistemas —desde las marismas y los arrecifes de coral a los bosques tropicales y los suelos— ya se encuentra degradado, es preciso que la restauración adquiera ahora el mismo nivel de prioridad. La reparación y rehabilitación de los ecosistemas también genera empleos en un mundo donde viven 1.300 millones de personas desempleadas o subempleadas, al tiempo que apoya los objetivos internacionales de reducir sustancialmente el ritmo de pérdida de la diversidad biológica, tema clave para 2010.

Es imperioso que la humanidad abandone este sistema economicista, pero es un cambio que llevará tiempo. Mientras tanto los dueños del mundo deberían darse cuenta que en la naturaleza pueden encontrar un socio, un aliado y dejar de tratar al planeta como a un esclavo que se encuentra a su servicio y al que se lo exprime hasta el límite de sus fuerzas, ya cuando este esclavo no pueda mas, seremos nosotros quienes sufriremos las peores consecuencias.

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Sunday, May 23, 2010

La tóxica labor de reciclar un viejo móvil





En Occidente, los ordenadores cada vez envejecen antes. Renovamos móviles, televisores o frigoríficos antes de que acaben su vida útil. Miles de estos aparatos llegan cada mañana, hacinados en viejas carretas, a una zona conocida como Sodoma y Gomorra en Accra, la capital de Ghana. Allí, miles de trabajadores descuartizan a golpe de martillo desde motores de grandes máquinas a ordenadores o impresoras, en busca de pequeñas piezas de metal que puedan vender. Sobre los techos de las barracas contiguas al basurero planea un humo negro, una nube densa y caliente que el viento arrastra al interior del barrio. La dirección del humo apunta a los lugares donde se queman las venas y las tripas de ordenadores, televisores y otros aparatos electrónicos en busca de metales como cobre y aluminio. Entre el humo se distinguen las siluetas de los trabajadores, menores de edad en su gran mayoría, que dirigen la combustión. Los niños usan imanes para recoger las pequeñas partículas de metal sobre un suelo negro lleno de cenizas. Conseguir los restos de metal sueltos tras la quema es la labor más baja en el proceso de reciclaje.

Un trabajo que se hace sin medida de protección alguna, lo cual lleva a estos pequeños trabajadores a absorber diariamente más de 60 sustancias tóxicas para sus pulmones. Rashid no sabe nada de ordenadores y en su vida había visto uno antes de llegar al basurero. Pero lo que sí conoce bien es la quema de estos aparatos y ya se ha acostumbrado a inhalar el humo. “Para hacer el fuego utilizamos plásticos y esponjas sintéticas, y luego echamos los cables y las placas”. Rashid y los demás menores no conocen las repercusiones en su salud a largo plazo y trabajan a pelo. Nadie se ha acercado al basurero a explicarles los peligros de la labor que hacen. Él es uno de tantos jóvenes llegados a Accra, con el único sueño de conseguir una vida mejor, desde el norte de Ghana, una región sumida en conflictos tribales. Un día se subió a un autobús y viajó a la capital en busca del basurero. “Veníamos porque sabíamos que había trabajo. Al principio fue muy duro vivir aquí sin nada que hacer, hasta que encontré trabajo quemando carcasas de ordenadores”.

Su trabajo consiste en llevar los componentes de los ordenadores a las hogueras para obtener metales libres de su envoltura plástica y devolverlos al proveedor. Por este trabajo gana tres cedis al día, alrededor de 1,5 euros. Todavía se encuentra en el escalafón más bajo de un trabajo muy jerarquizado en el que la experiencia familiar puede asegurar un puesto en algunos de los peldaños superiores de la cadena. El objetivo de trabajadores como Rashid es subir otro escalón y pasar a desmontar ordenadores a martillazos separando las piezas. Con ello conseguiría librarse del humo y del calor de los fuegos. Con suerte podría llegar a trabajar en las básculas, uno de los puestos más altos. Allí es donde se pesan los metales y hay más posibilidades de negocio.

A miles de kilómetros de distancia, en la inmensa ciudad de Karachi (Pakistán), el río Lyari delimita uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. Bajo el control de las mafias locales, el barrio alberga algunos de los basureros donde se procesa la basura electrónica llegada de Europa, Dubai o Singapur. Los cientos de pequeños talleres que se encuentran allí crean una industria de pequeñas fábricas donde se reciclan las piezas de un sinfín de aparatos electrónicos. Éstas son metódicamente separadas por diferentes trabajadores de la basura. Se calcula que el 70% de la basura electrónica del mundo desarrollado va a parar a los basureros electrónicos de Asia.

La atmósfera de trabajo en los basureros de Ghana o Pakistán es muy parecida. La pobreza en la que está sumida una gran mayoría de la población en estos países obliga a muchas familias, incluidos los hijos en edades muy tempranas, a vivir cerca de los basureros para recoger metales y venderlos después. Mohamed Khan sólo tiene ocho años y junto a su hermano mayor Hafi Ula, de 14, quema y recoge la chatarra de ordenadores, TV, ventiladores, e incluso instrumentos musicales electrónicos que ya no sonarán más. Son refugiados afganos sin futuro en Pakistán, que encuentran en los basureros su única forma de supervivencia. “Sabemos que el humo es peligroso pero necesitamos trabajar en algo”, dicen. No pierden la esperanza de un futuro mejor: “Me gustaría llegar a ser mecánico”, sueña el pequeño Mohamed.

En Karachi también se trabaja desde primera hora de la mañana en el reciclaje de los aparatos electrónicos. Aquí, unas 20.000 personas trabajan en la industria que genera la basura electrónica. De ellas, casi la mitad son menores de 18 años. Mientras el grado de analfabetismo en Pakistán llega a alcanzar al 60% de los jóvenes, muchos ordenadores llegan al puerto de Karachi camuflados como ayuda al desarrollo del país. Sin embargo, esos ordenadores son comprados casi “al peso” por clientes locales que después venden la mercancía como mayoristas a pequeños talleres. Algunos trabajadores pasan hasta 16 horas diarias despiezando computadoras o grandes aparatos electrónicos. El sueldo medio ronda los tres dólares diarios. Además de los irreparables daños en las personas, los materiales que se acumulan en el suelo y en el río Lyari acaban por contaminar también el mar de Arabia. Los ricos acuíferos de la desembocadura han quedado completamente destruidos.

Mientras tanto, en el inmenso puerto de Karachi miles de contenedores desembarcan cargados de basura electrónica. Algunos estudios de Greenpeace aseguran que entre los materiales tóxicos contenidos en el e-waste, el término anglosajón que define la basura electrónica, se encuentran el plomo, el cadmio y el antimonio. A la insalubridad de estos trabajos se suman otras precariedades. Al caer la noche, Mohamed regresa a su casa, un cubículo de tres metros cuadrados que comparte con seis personas más, cerca del basurero. “Aquí la vida además de dura es peligrosa: la policía viene a veces y nos roba o amenaza con prohibirnos trabajar si no les damos dinero”.

En Ghana, cada ordenador se compra a uno o dos dólares según sale del puerto, independientemente de si funciona o no. Según Mike Anane, activista medio ambiental de Ghana, sólo el 10% del material electrónico recibido está en condiciones de funcionamiento y se cataloga como “no chatarra”. Cuando los ordenadores son desechados como chatarra, llegan al basurero de Sodoma y después se desmontan para buscar los componentes que pueden revenderse. “Un disco duro sano sale del desguace por un valor de unos cinco dólares”, informa uno de los trabajadores. Mike Anane explica que se han dado casos de discos duros que han llegado con información empresarial de la que fácilmente se puede rastrear su procedencia.

No es difícil encontrar un cíber café en Accra. Allí se utilizan ordenadores importados que los dueños de los cíber compran a los mayoristas. Comprar un viejo Pentium II no es caro y por unos 150 dólares se puede obtener uno revisado y hasta con un mes de garantía. Casi todas las tiendas son, en realidad, talleres donde jóvenes con conocimientos en informática verifican y reparan algunos de los aparatos que llegan por mar. Los contenedores procedentes de Hamburgo son los preferidos por los mayoristas, ya que la normativa alemana es más rigurosa con el material de segunda mano que se envía a terceros países. En cambio, en los contenedores ingleses hay mucha más basura electrónica.

Los trabajadores que reciclan basura electrónica en Ghana están de acuerdo en que este negocio es bueno para el país. Sin embargo, John Pwamang, funcionario del Ministerio del Medio Ambiente, no duda en llamar a la responsabilidad de los países donantes: “No tenemos los medios suficientes para reciclar y eliminar de manera segura las sustancias contaminantes que genera la basura electrónica, contaminando nuestro medio y a miles de personas. Está muy bien que envíen ordenadores de segunda mano, pero también necesitamos que funcionen”.

Para más información sobre este fotoreportaje: www.fotoeco.es.



El convenio de Basilea

Según datos de la ONU, en el mundo se generan unos 50 millones de toneladas de chatarra electrónica cada año. El negocio de la basura electrónica aumenta a la vez que lo hacen los residuos electrónicos que generamos en Occidente. Reciclar en Europa de manera profesional y responsable un ordenador de tubo puede llegar a costar 3,5 euros.

Enviar ese mismo ordenador a Ghana en un contenedor para su reciclaje cuesta 1,5 euros. El Convenio de Basilea de 1989 acuerda prohibir la exportación de chatarra electrónica a terceros países sin su permiso.

172 países han firmado el Convenio pero, de ellos, tres no lo han ratificado jamás: Haití, Afganistán y EE UU. Según la agencia de Medio Ambiente del Gobierno de EE UU, sólo en este país se desechan 40 millones de ordenadores cada año.

EL VENENO DENTRO DE LA CHATARRA

Científicos de Greenpeace viajaron a Ghana para recoger muestras de tierra, aire y agua de la zona donde se desguaza y quema el material electrónico. Las muestras fueron enviadas a Reino Unido para su análisis.

Los resultados indican altas concentraciones de plomo, cadmio y arsénico, así como de dioxinas y bifenilos policlorados. El plomo causa dolores de cabeza y espasmos estomacales, a la larga daña el sistema nervioso y los riñones, y afecta sobre todo al cerebro. También reduce la actividad cerebral y cognitiva en los menores. Bajo los parámetros occidentales, la alarma salta cuando se miden más de 0,5 microgramos de polvo de plomo en un metro cúbico de aire. Las muestras analizadas en Sodoma arrojaban 1,5 microgramos en zonas donde trabajaban los menores quemando las partes de los ordenadores.
PLOMO Procede de los monitores de tubo. Afecta al cerebro, sistema nervioso y sistema sanguíneo.
CADMIO Procedente de placas, contactos e interruptores. Afecta a los riñones y los huesos.
BIFENIL POLICLORATO Está presente en componentes plásticos y aislamientos. Afecta al crecimiento y al comportamiento. Es cancerígeno.
ANTIMONIO Procedente de las soldaduras y los semiconductores. Afecta a la piel y el sistema inmunológico.
DIOXINAS Y FURAN Se encuentran en los recubrimientos de PVC. Son cancerígenos.


Fuente

Saturday, May 22, 2010

La civilización industrial está convirtiendo el entorno en basura

Quienes defienden el crecimiento económico argumentan a menudo que solo los países ricos se pueden permitir la defensa del medio ambiente. Cuanto mayor sea la economía, más dinero disponible habrá para detener la contaminación, invertir en nuevas formas de energía, conservar la naturaleza. Solo los ricos pueden vivir en sostenibilidad.

Cualquiera que haya visto el horror emergente en el Golfo de México en los últimos días tiene razones para dudar de eso. El país más rico de mundo decidió no imponer las reglas que podrían haber evitado el derrame de petróleo de la torre Deepwater Horizon, argumentando que esas reglas podrían haber impedido la búsqueda de una mayor riqueza(1). El crecimiento económico, y la demanda del petróleo que lo impulsa, llevó a las compañías a buscar en lugares difíciles y arriesgados.

Pero no necesitamos basarnos en este hecho para rechazar, como un absurdo que se justifica a sí mismo, la tesis de los cornucopianos. Un nuevo documento de las Proceedings of the National Academy of Sciences calcula las tasas de deforestación entre los años 2000 y 2005 en los países con áreas más extensas de masa forestal (2). La nación con la tasa más baja fue la República Democrática del congo (RDC). La nación con la tasa más alta, por una combinación de incendios y talados, fue Estados Unidos. La pérdida de masa forestal fue allí (el 6% en cinco años) casi el doble de rápida que en Indonesia, y diez veces más rápida que en RDC. ¿Por qué? Porque los países pobres tienen menos dinero para invertir en abrir paso a lugares remotos y derribar árboles.

Las naciones ricas no solo están saqueando sus propios recursos. Los desastres medioambientales causados por la industria petrolera en Ecuador y Nigeria no han sido producidos por la demanda ecuatoriana o nigeriana, sino por la sed de petróleo de las naciones más ricas. La deforestación de Indonesia es impulsada por la demanda de madera y aceite de palma del mundo rico; en Brasil, por nuestra hambre de madera y alimento para animales.

La calculadora de carbono de The Guardian revela que el Reino Unido ha subestimado mucho el impacto sobre el clima de nuestro consumo de materias (3). La razón es que las cifras oficiales no incluyen las emisiones subcontratadas: los gases de efecto invernadero producidos por otros países que fabrican mercancías para nosotros. Otro documento reciente de las Proceedings of the National Academy of Sciences muestra que el Reino Unido realiza una importación neta de 253 millones de toneladas de dióxido de carbono, integradas en las mercancías que compra (4). Si las tenemos en cuenta, descubrimos que lejos de haber reducido las emisiones desde 1990, como afirmó el último Gobierno, las hemos incrementado (5). El dinero destroza el medio ambiente.

Por eso merece la pena examinar el proyecto Dark Mountain, cuyas ideas se están extendiendo rápidamente por el movimiento medioambientalista. Afirma que “el capitalismo ha absorbido a los verdes”(6). En lugar de buscar la protección del mundo natural frente al impacto de los humanos, el proyecto afirma que ahora los medioambientalistas trabajan para “sostener la civilización humana en el nivel de comodidad que los pueblos del mundo rico –nosotros—consideran que es su derecho”.(7)

Los verdes de hoy, acusan, tratan de mantener la cultura que destruye el planeta, pidiendo solo que las tecnologías contaminantes antiguas sean sustituidas por las nuevas --granjas eólicas, matrices solares, máquinas de olas—que echen a perder todavía más los lugares naturales del mundo. Han perdido sus sentimientos por la naturaleza, reduciendo el problema a un reto de la ingeniería. Han olvidado que se supone son defensores de la biosfera: en su lugar, tratan de salvar la civilización industrial.

Paul Kingsnorth, cofundador de Dark Mountain, cree que esa tarea es fútil: “la civilización de la que formamos parte está golpeando los amortiguadores a toda velocidad y es demasiado tarde para detenerla”.(8) Ni tampoco podemos regatear con ella, pues “el sistema económico en el que nos basamos no puede ser domesticado sin que se hunda, ya que se basa en … el crecimiento para poder funcionar”. En lugar de tratar de reducir el impacto de nuestra civilización, deberíamos empezar a pensar en cómo vamos a vivir durante su caída y lo que podemos aprender de ella … nuestra tarea es negociar el inminente descenso lo mejor que podamos, mientras creamos nuevos mitos que pongan a la humanidad en su lugar apropiado”.(9)

Aunque un poco de esto se dirige contra mis escritos y contra las ideas que abandero, reconozco la verdad que hay en ello. Algo se ha perdido por el camino. Entre los gráficos y las tablas y las tecnocorreciones, en la búsqueda desesperada de soluciones verdes que funcionen política y económicamente, hemos tendido a olvidar el amor a la naturaleza que nos impulsó a todo esto.

Pero no puedo dar el salto que exige Dark Mountain. El primer problema de su visión es que la civilización industrial tiene una capacidad de recuperación mucho mayor que sus propósitos. En el ensayo de apertura del primer libro del movimiento, que se publicará esta semana, John Michael Greer plantea que la cima de los suministro petrolíferos convencionales se alcanzó en 2005, que la del gas será en 2030 y el carbón en 2040 (10).

Aunque estoy dispuesto a creer que los suministros petrolíferos podrían reducirse en los próximos años, su predicción sobre el carbón es una tontería. Las compañías de la energía en el Reino Unido, como muestra el informe más reciente de ENDS, estan empezando a implementar ahora una tecnología que incrementará mucho las reservas disponibles (11). Las cifras gubernamentales sugieren que la gasificación del carbón subterráneo –inyectar oxígeno en las vetas de carbón y extraer el hidrógeno y el metano que liberen—puede multiplicar por 70 las reservas de carbón subterráneo del Reino Unido (12,13); y esto abre más las posibilidades con respecto al que está bajo el lecho marino. Hay grandes reservas sin explotar de otros combustibles fósiles --bituminosos, esquistos de petróleo, clatratos de metano— a los que recurrirán las compañías de la energía si el precio lo permite.

Como todas las culturas, la civilización industrial se hundirá alguna vez. El agotamiento de los recursos y el cambio climático son causas posibles. Pero no creo que suceda pronto: no en este siglo y quizás tampoco en el siguiente. Si sigue basándose en el crecimiento económico, si no reduce su dependencia de los recursos primarios, nuestra civilización acabará con la biosfera antes de hundirse. Sentarse a esperar lo que la gente de Dark Mountain cree que será la caída inminente de la civilización, sin intentar cambiar el modo en que funciona, significa conspirar por la destrucción de todo lo que los verdes han considerado valioso.

Tampoco acepto su ataque indiscriminado contra las tecnologías industriales. Hay una enorme diferencia entre el impacto de las granjas eólicas y el de la minería de las arenas alquitranadas, o la extracción del petróleo: las turbinas eólicas pueden estropear las vistas pero, tal como ha demostrado el desastre más reciente, los efectos del petróleo penetran en todos los poros del planeta. Y a menos que los medioambientalistas traten también de mantener los logros de la civilización industrial –salud, educación y nutrición—los abandonaremos a quienes, correctamente, quieren conservarlos, pero no les importa el impacto que ello produzca.

Podemos aceptar esos beneficios mientras rechazamos el crecimiento perpetuo. Podemos aceptar la ingeniería, pero rechazar muchos de los usos que se hacen de ella. Podemos defender la asistencia sanitaria, atacando el consumo inútil. Este enfoque es aburrido, poco romántico, de éxito incierto, pero mucho menos horrible que las alternativas.

Pese a todo ello, merece la pena sostener el debate que este proyecto ha iniciado, razón por la que este mes asistiré al festival de Dark Mountain(14). No hay respuesta sencilla a la situación en la que estamos. Pero tampoco hay una manera sencilla de no dar respuesta.
www.monbiot.com

Traducido para Globalízate por Víctor García.

Noticia original:

http://www.monbiot.com/archives/2010/05/10/moneys-hunger/

Referencias:

1. Even now the US has failed to tighten up the regulations - http://www.guardian.co.uk/environment/2010/may/09/oil-spill-ecological-review-environment

2. Matthew C. Hansen, Stephen V. Stehman and Peter V. Potapov, 26th April 2010. Quantification of global gross forest cover loss. Proceedings of the National Academy of Sciences. doi: 10.1073/pnas.0912668107.
http://www.pnas.org/content/early/2010/04/07/0912668107.full.pdf+html?sid=5b769cf3-6222-4b4c-bcf0-365a786bca9b

3. http://www.guardian.co.uk/environment/interactive/2010/apr/21/national-carbon-calculator

4. Steven J. Davis and Ken Caldeira, 23rd March 2010. Consumption-based accounting of CO2 emissions. doi: 10.1073/pnas.0906974107.
You can read the abstract here: http://www.pnas.org/content/107/12/5687.abstract
But I had to pay $10 for the full paper.

5. http://www.guardian.co.uk/environment/blog/2010/may/05/labour-tories-carbon-calculator

6. The Dark Mountain Project, 2009. Uncivilisation: the Dark Mountain manifesto. Hard copy.

7. Paul Kingsnorth, 2010. Confessions of a recovering
Environmentalist. Dark Mountain, Volume 1. Proof copy. The Dark Mountain Project.

8. Paul Kingsnorth, 18th August 2009. Should We Seek to Save Industrial Civilisation?: debate with George Monbiot. http://www.monbiot.com/archives/2009/08/18/should-we-seek-to-save-industrial-civilisation/

9. ibid.

10. John Michael Greer, 2010. The falling years: an Inhumanist vision. Dark Mountain, Volume 1. Proof copy. The Dark Mountain Project.

11. Environmental Data Services, April 2010. Interest grows in ‘clean’ sub-sea coal gasification.
http://www.endsreport.com/index.cfm?action=report.article&articleID=22309

Unfortunately you need a subscription to read it.

12. Recoverable coal reserves, 2003: 243 million short tons.
US Energy Information Administration, May 2006. Country analysis brief -
United Kingdom. http://www.eia.doe.gov/emeu/cabs/United_Kingdom/Background.html

13. Coal recoverable by UCG, 2004:
“UK coal resources suitable for deep seam UCG on land are estimated at 17 billion tonnes (300 years’ supply at current consumption) and this excludes at least a similar tonnage where the coal is unverifiable for UCG.”
Department of Trade and Industry, October 2004. Review of the Feasibility of Underground Coal Gasification in the UK. http://webarchive.nationalarchives.gov.uk/tna/+/http://www.berr.gov.uk/files/file19143.pdf

14. http://www.eventelephant.com/uncivilisation


Fuente

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